¿Y la seguridad de los estudiantes?

Desde el comienzo de la pandemia se ha realizado una nefasta gestión por parte de las universidades. Los estudiantes hemos sufrido problemas como falta de aulas, falta de espacios de estudio, la semipresencialidad como método docente, etc. Muchos de estos problemas ya eran latentes antes de la pandemia, pero con esta no han hecho más que agudizarse mostrando la precariedad del sistema un sistema público de educación que no ha sido capaz de amoldarse a los cambios que la pandemia exigía, debido al proceso de infrafinanciación que llevamos años sufriendo con los recortes en el presupuesto educativo año tras año, ataques a la educación pública como el 3+2, o la subida de ratios en las aulas. Ahora, al encontrarnos en época de exámenes universitarios, estas problemáticas no han hecho más que agudizarse. 

En las universidades públicas de todo el estado se están dando casos de aglomeraciones masivas a raíz de los exámenes. Estamos asistiendo a una ridícula gestión por parte de las universidades, que no están siendo capaces de cumplir con las medidas sanitarias impuestas por las instituciones. En territorios como el País Valenciano, en los que se han endurecido las medidas sanitarias, los exámenes se están manteniendo según el plan trazado a inicios de curso, en una situación completamente diferente a la actual, poniendo en riesgo a estudiantes y a sus familias. 

En el lado contrario, las universidades privadas hace ya días que decidieron que los exámenes serían vía telemática. 

En todo esto podemos ver un claro componente de clase, pues en las universidades públicas, aquellas en las que mayoritariamente nos aglutinamos los estudiantes de clase obrera, apenas se toman medidas sanitarias, argumentando que estas ya se cumplen y que es necesaria seguir así para poder mantener la calidad educativa. 

Tampoco nos podemos olvidar de los problemas que han supuesto para los estudiantes de clase obrera la docencia telemática y semipresencial. El acceso a medios suficientes para la examinación online, o para seguir la docencia por la vía telemática, no está al alcance de todos. Frente a esto, ninguna institución ha tomado medidas para garantizar a estas personas el acceso a una modalidad presencial con plena seguridad, las medidas sanitarias no van más allá de aglutinar a media centena de estudiantes en clases con una ventana abierta, sin filtros para limpiar el aire y, en muchos casos, sin respetar tan siquiera la distancia sanitaria recomendada. 

Sin embargo estos días hemos visto como han salido centenas de imágenes de facultades abarrotadas de estudiantes donde no se cumplía el distanciamiento social, ni había prevenciones mayores que aulas con ventanas abiertas, realizando exámenes a menos de 10 grados de temperatura, y la habitual distancia entre personas en los exámenes. Las propias instituciones han obligado a montones de estudiantes de clase obrera a aglomerarse en espacios cerrados mientras los estudiantes de la privada pueden quedarse en casa. 

La respuesta por parte de los estudiantes ha sido exigir soluciones con tal de evitar ser contagiados. Los estudiantes de clase obrera han mostrado su amplio descontento a partir de redes sociales y por medios telemáticos, pero bien sabemos que para poder revertir esta situación tan solo es posible a partir de la organización y la acción colectiva. 

A la vez que sucede todo esto se criminaliza a la juventud, la misma juventud que estudia en las universidades públicas y que ahora está poniendo en riesgo su salud. Como ejemplo tenemos la campaña que se realizó en el metro de Madrid antes del inicio de las vacaciones navideñas. Esta campaña, intentaba justificar las medidas sanitarias que se iban imponiendo, señalando a los jóvenes como principales responsables. 

Sin embargo, las medidas nunca han tendido hacia una mayor inversión en los transportes públicos, con tal de evitar aglomeraciones, o hacia un aumento de las inspecciones de trabajo para controlar que se respetan las medidas sanitarias en los centros de trabajo, uno de los principales focos de contagio durante toda la pandemia.

Lo que podemos ver, es que las medidas sanitarias adoptadas desde el inicio de la pandemia están anteponiendo los intereses privados a los colectivos. A consecuencia de esto, estamos viviendo una situación epidemiológica con cifras de contagio superiores a marzo en algunos territorios. Colegios de médicos y expertos contrastados han advertido públicamente de la necesidad de un confinamiento domiciliario, sin embargo la decisión de las instituciones burguesas es únicamente restringir el ocio, manteniendo la actividad laboral. Las cifras nos muestran que esta no es la solución y que las medidas no son suficientes para las necesidades sanitarias, sino que se está primando el beneficio del capital a los intereses de los trabajadores que cada día sufren más y más contagios, a la par que los estudiantes de familias trabajadoras.

Las instituciones están utilizando el COVID-19 de forma instrumental, ejemplo de ello son la reducción de horarios de bibliotecas, o el cierre de espacios de comida en las universidades, siempre con el pretexto del riesgo. Sin embargo, estas medidas no iban acorde con el cierre de cafeterías privadas, o la contratación de una mayor cantidad de personal de limpieza para poder desinfectar las zonas de uso de los estudiantes y hacer servibles estos espacios que tanto necesitan gran parte de los estudiantes de clase obrera. 

La infrafinanciación en la educación pública se está haciendo notar cada vez más, y la situación actual ha dejado clara la ineficiencia de las instituciones para garantizar la seguridad de sus estudiantes, a la vez que se garantiza una educación de calidad. El resultado es claro, ni hay seguridad, ni hay calidad. 

Como Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores no podemos menos que exigir a las instituciones que garanticen unas condiciones de seguridad mínimas al estudiantado. No podemos conformarnos con aceptar las carencias de la gestión del sistema educativo burgués. Por ello nuestra única herramienta es la organización si no, seguiremos pagando esta crisis los estudiantes de clase trabajadora.

¡Que luchar valga la pena!