Tenemos que hablar del Calzado

Los crímenes del capitalismo al descubierto 

Tenemos que hablar de cómo la burguesía zapatera factura más de 3.000.000.000€ al año mientras la clase obrera trabaja en condiciones absolutamente deplorables, con nóminas que no llegan al salario mínimo, con jornadas que sobrepasan las 10 horas, con condiciones de calor, frío y humedad que provocan desmayos, pérdida del conocimiento y golpes de calor, con tintes, pegamentos y todo tipo de materiales tóxicos que dañan la salud de miles como medios para el trabajo, con cientos de accidentes laborales anuales no reconocidos y con miles de puestos de trabajo en economía sumergida.

Tenemos que hablar de cómo es posible que un negocio multimillonario tenga como base de su producción el trabajo semiesclavo de miles de aparadoras, de cómo hay enfermedades profesionales propias como la “parálisis del calzado” o “el síndrome de la mano muerta”, de cómo durante la crisis sanitaria del Covid-19 el capitalismo mostró su lado más criminal con vacaciones forzadas, despidos ilegales o corrupción llevada al extremo, hinchando sus plantillas con personal fantasma para seguir trabajando al 100% de la producción mediante un ERTE de reducción de plantilla y sin ningún tipo de protección a la salud.

Tenemos que hablar de cómo Tempe (Inditex) explota a miles de aparadoras mediante su red de hasta 6 niveles de subcontratación, deslocalizando su producción en un primer nivel a la empresa que más barato le ofrece suministrar los millones de pares que necesita, deslocalizando esta primera empresa parte de su producción a una segunda en un nivel por debajo, repitiéndose el proceso hasta un sexto nivel donde trabajan las aparadoras en talleres ilegales o en sus casas.

Tenemos que hablar del monopolio del calzado, la asociación de grandes firmas y grupos liderados por Tempe (Inditex) al que se suman Hispanitas, Unisa, Gavalin, Pikolinos, Analco, Indaca, Donval, Zahonero, Gioseppo, Panama Jack, Kelme o Mustang, asociadas entre ellas mediante un cártel  que marca precios, se reparte el mercado e impone la subcontratación como forma de reducir costes de producción a costa de la vida de miles de trabajadores. 

Tenemos que hablar de activar al movimiento obrero en torno a la prohibición cualquier tipo de subcontratación en la producción al tratarse de la causa directa de la semiesclavitud masiva, situación más urgente que atajar, pero planificada estratégicamente de manera coherente y sistemática, impulsada el grupo monopolista del calzado para exprimir cada vez más a quien realmente produce la riqueza.

Tenemos que hablar de la unidad, de la organización y de la movilización de la clase obrera, de los vulcanizadores a las aparadoras, de los cortadores a los transportistas, de unir a todos los trabajadores del sector tras los sucesivos intentos de la burguesía y de representantes políticos de atacar al movimiento obrero con la estrategia de “divide y vencerás” de tal forma que parezca que sindicatos, asociaciones y movimientos progresistas nunca podrán ponerse de acuerdo.

Tenemos que hablar de la cadena de producción, desarrollada tecnológica y socialmente a unos niveles donde todo lo diseña, planifica, crea, transporta y vende la clase obrera, dejando a los socios capitalistas como simples dueños de acciones como verdaderos parásitos que no participan de manera alguna en la producción pero ingresan millones de euros a costa de la explotación de miles, siendo posible, ahora más que nunca, la socialización total de los medios de producción, expropiándoles todos los medios, instrumentos y tecnología de trabajo a quienes nos explotan para ponerlos al servicio de todos y marchar hacia una sociedad sin explotación del hombre por el hombre.

Tenemos que hablar de reconstruir el Partido Comunista, porque para quienes creamos la riqueza y nos dejamos la vida y las fuerzas en aumentar beneficios ajenos, no luchar no es una opción.  No hay esperanza alguna para los trabajadores del calzado bajo el capitalismo. Hagamos que luchar, para toda nuestra clase, valga la pena.