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25N: Contra la violencia machista, construyamos un mundo nuevo

Las mujeres de clase obrera no nos conformamos con acomodar un sistema que tiene en su ADN nuestra explotación y la de nuestra clase; elegimos hablar en nuestro propio nombre y combatirlo.
A pesar de que el Estado burgués haga ademanes de tratar de paliar la violencia machista vemos que las mejoras legales arrancadas por el movimiento femenino de masas acaban siendo papel mojado en muchos casos. El modo de producción capitalista no deja de someter doblemente a las obreras, y el Estado no es más que un representante de la clase dominante que se beneficia de la desigualdad que sufren las mujeres.
Debemos organizarnos para acabar con la violencia machista y con el sistema que le da amparo. Acabar con el capitalismo para lograr una emancipación real de las mujeres trabajadoras.

El 8 de marzo para las organizaciones comunistas

¿Sigue siendo el 8 de marzo un día necesario de reivindicación? Las comunistas decimos que sí: en el marco del sistema capitalista las mujeres trabajadoras nos encontramos sujetas a unas condiciones de especial opresión basadas en la explotación asalariada y en la servidumbre doméstica que perpetúan nuestra dominación.

El capitalismo y la feminización de la pobreza

La situación de especial vulnerabilidad que sufren las mujeres bajo el sistema tiene varias formas de hacerse visible; una de ellas es la feminización de la pobreza.

El mito de la libre elección

La prostitución es y ha sido desde siempre la cara más agresiva y visible de la opresión que sufre la mujer trabajadora, constituyéndose así al mismo tiempo como un instrumento ideológico que supone la reproducción de jerarquía en las relaciones entre hombres y mujeres y la absoluta mercantilización, cosificación y deshumanización de la mujer. Es por eso que la cuestión de la prostitución no atañe exclusivamente a las mujeres prostituidas, sino a todas las mujeres -como sujetos potencialmente prostituibles- y a los hombres -en nuestra lucha como clase-.a prostitución es y ha sido desde siempre la cara más agresiva y visible de la opresión que sufre la mujer trabajadora, constituyéndose así al mismo tiempo como un instrumento ideológico que supone la reproducción de jerarquía en las relaciones entre hombres y mujeres y la absoluta mercantilización, cosificación y deshumanización de la mujer. Es por eso que la cuestión de la prostitución no atañe exclusivamente a las mujeres prostituidas, sino a todas las mujeres -como sujetos potencialmente prostituibles- y a los hombres -en nuestra lucha como clase-.