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El agua ya está a la altura del petróleo.

La mercantilización del agua y de los recursos básicos es nefasta para la clase obrera y para la naturaleza. Para el planeta, la gestión capitalista de los recursos naturales terrestre destruye el entorno buscando el beneficio individual, sin importar las consecuencias que a largo plazo traiga. Para la clase obrera, la privatización del agua y otros recursos básicos para la supervivencia supone un duro golpe para los ingresos y el nivel de vida de los trabajadores, especialmente aquellos golpeados más duramente por las cadenas del imperialismo.