Sobre la violencia policial y la represión del Estado

El rechazo al injusto encarcelamiento del rapero Pablo Hasel ha desatado durante días las protestas, movilizaciones y disturbios que han ocupado primeras planas y abierto noticiarios. Este pico de movilizaciones ha traído consigo lo que también fue causa de las mismas: represión y violencia policial.

El caso de Pablo Hasel es un caso de represión que se enmarca dentro de una escalada represivo a las masas por parte del Estado español que se viene dando dentro de los últimos años, siendo en este punto el catalizador de todo este proceso, es la punta del iceberg.

La clase trabajadora y las masas hemos sufrido un gran número de detenciones y ataques al conjunto de libertades democráticas existentes en el Estado burgués español, desde la crisis capitalista de 2007-2008 hasta hoy en día. Si bien estas libertades son limitadas e insuficientes, representan derechos por los que debemos combatir, en tanto que atacan el derecho de expresión, manifestación, reunión etc., cuestiones que frontalmente atacan los procesos de lucha y movilización de las masas.

No sólo hablamos de solidaridad, sino de la necesidad estratégica de defender estos derechos frente a un mayor grado de represión estatal.

Las reformas laborales de 2010 y 2012, la Ley Mordaza, el mayor número de enjuiciamiento a huelguistas, o el incremento de detenidos por “apología del terrorismo” son solo algunos de los muchos ejemplos del incremento de la represión y del recorte de derechos democráticos que venimos sufriendo.

La escalada represiva del Estado español, es notable desde la crisis de 2007-2008: las masas sufrieron una brutal represión y una violencia desmedida por parte del estado durante las movilizaciones del 15M y las Marchas de la Dignidad en Madrid, la Primavera Valenciana… A su vez, la reacción represiva del Estado burgués ante el movimiento de las masas, no se hizo esperar, con la promulgación de la ya citada Ley Mordaza en el año 2015. Ha sido esta ley la que ha permitido enjuiciar a numerosos artistas (Valtonyc, Strawberry, el grupo Insurgencia, o el propio Pablo Hasel), jóvenes que han opinado en redes sociales (Cassandra Vera), manifestantes…

Además de esto, en los últimos años han sido frecuentes los numerosos montajes policiales, que han servido para encarcelar activistas como Alfon (en la Huelga General del 14 de noviembre de 2012), jóvenes de Catalunya y Euskadi, como ocurrió en el caso Alsasua, infiltraciones policiales y supuestos casos de terrorismo en los Comités de Defensa de la República (CDR de Catalunya), intentos de encarcelamiento de sindicalistas por su papel en las huelgas generales de 2010 y 2012, etc.

Estos antecedentes han dado lugar a un caldo de cultivo que ha estallado en estas movilizaciones. Lo ocurrido estos días en las calles ya no es sólo por la libertad de Pablo Hasel, sino contra la represión y la brutalidad policial y por la libertad de los detenidos en las manifestaciones de los días anteriores.

Veíamos cómo quienes sacaban a Hasel de la Universidad de Lleida para hacerlo cumplir condena eran los mismos que días atrás abrían fuego real contra los manifestantes que protestaban contra los abusos policiales en Linares; los mismos que después convertirían la Plaza del Sol en una ratonera, que cargarían contra manifestantes en Granada, Valencia, Barcelona… que eran los mismos que golpeaban a menores, o llamaban “Puta de mierda” a jóvenes que se manifestaban pacíficamente, que agredían a personas que estaban atrapadas y sin posibilidad de dispersión, que disparaban a la cara las mismas bolas de foam que han dejado sin ojo a una joven; son los mismos que han detenido y amedrentado a quienes se solidarizaban contra la represión, quienes durante años han torturado en los calabozos, y quienes no olvidemos, son los encargados de proteger el sistema que encarcela a inocentes y reprime a quienes cuestionan sus instituciones.

Paralelamente a estos hechos, desde los medios de comunicación de masas se emitía un relato bien distinto, que criminalizaba e incluso ridiculizaba a los manifestantes, se cebaba con la víctima de la condena y de forma tajante condenaba “la violencia”, entendiendo obviamente como violencia únicamente los disturbios.

Este relato acompasaba al de los representantes de los partidos burgueses que se lanzaban a condenar las movilizaciones, justificando la violencia policial ejercida por las FCSE y la represión judicial respaldando la condena. Por otra parte, desde los sectores más progresistas no se ha dudado en entender esta ola represiva como una “anomalía democrática” a solucionar.

La más enérgica condena a la violencia venía de aquellos sectores que necesitan servirse de ella para perpetuar un sistema basado en la injusticia.

Tenemos que abordar la violencia, no mediante un debate de conceptos ni de limites sino de su papel en la sociedad de clases.

Históricamente, la violencia ha sido un monopolio del Estado. Tales como los señores feudales, los reyes absolutistas o los gobiernos de los Estados liberales han basado su poder en el monopolio de la violencia sobre los otros sectores de la sociedad a los que dominaban, aunque cada uno de estos grupos se legitimase de una forma u otra -los reyes medievales se veían elegidos por dios o por herencia de sangre, los gobernantes modernos se justifican en un la “soberanía nacional”- al final, el estado tiene un papel primordial en el uso de la violencia y la posesión del poder del estado es lo que permite un uso “legal” de la fuerza y la violencia.

¿Pero qué es la violencia? Aunque la pregunta puede parecer extremadamente simple, la violencia tiene muchas más manifestaciones que la de un policía dando porrazos. Un sistema económico basado en la explotación de la clase obrera es violencia. Lo son las jornadas extenuantes para no llegar a fin de mes, y lo es un futuro incierto sin expectativas ni garantías. Violencia son las guerras imperialistas, el expolio de los recursos. Violencia es el machismo, el racismo y la LGTBfobia. Violencia es la de los medios de comunicación que manipulan, niegan y esconden la verdad, y por supuesto, una institución jurídica que reprime cualquier discurso o acción contrarios al status quo es violencia. La violencia es un elemento más que normalizado en el día a día y que adopta formas muy distintas.

¿Quién ejerce la violencia? ¿Contra quienes? Como venimos diciendo, es el Estado es quien ejerce la “violencia legal” por tener el monopolio de la misma. La clase dominante del Estado imperialista español es la oligarquía financiera, una capa de la gran burguesía que controla las instituciones estatales y las pone al servicio de sus intereses económicos (-que se defiendan sus inversiones en el extranjero, que se les den márgenes legales para aumentar sus ganancias, etc.- como ideológicos -silenciar discursos contrarios, criminalizar ciertos sectores de la población, etc-. Toda la violencia ejercida para defender estos intereses es violencia que se ejerce contra la clase obrera.

No veremos a la policía reprimir una manifestación que defienda unos intereses similares a los de la burguesía. Un ejemplo de ello son las recientes movilizaciones de elemento nazis y fascistas en Madrid, las cuales discurrieron sin objeción policial ni administrativa alguna mientras propugnaban un discurso propio de la Alemania del 39. En cambio, cuando un banco quiere expulsar a una familia de su casa anteponiendo el interés privado a la vida de sus miembros ahí está la policía, dispuesta a detener o apalizar a quienquiera que se oponga a los intereses del capital. El Estado burgués defenderá cuando sea necesario su dominio sobre la clase obrera a través de las fuerzas represivas y reprimirá a cualquier individuo u organización que cuestione a dicho Estado o a sus instituciones, incluyendo a los artistas que tengan un discurso contra el mismo, desde Pablo Hasel hasta el grafitero del barrio que denunció en una pintada los excesos del rey emérito.

Pero el Estado burgués no es invencible. La organización de las clases desposeídas a lo largo de la historia ha demostrado su capacidad de transformación revolucionaria de la sociedad y a pesar de toda la represión existente. No son pocos los movimientos populares y obreros que pusieron en jaque al Estado español en el último siglo: la huelga de la Canadiense y la jornada de 8 horas, la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera y Franco, los levantamientos mineros… La lucha organizada y las redes de solidaridad popular son la única vía de hacer frente a la violencia capitalista y que diariamente sufre nuestra clase.

Hay dos tipos de violencias. La violencia que se ejerce contra el pueblo, y la violencia que ejerce el pueblo, que es legítima y necesaria para enfrentarnos a su represión.

Los estallidos de violencia entre las masas contra un sistema que ejerce contra ellas la violencia son inevitables. El combate contra la represión y la organización frente al sistema capitalista son necesarios.

Por esto llamamos a la organización y la lucha en las calles contra el encarcelamiento de Pablo Hasel, contra la violencia policial de los últimos días y en solidaridad con los detenidos en las últimas movilizaciones. Por los intereses de nuestra clase, contra su represión solo nos queda la lucha.