Proceso constituyente y lucha de clases

El 80% del pueblo rechaza la Constitución de Pinochet

Los resultados del plebiscito celebrado ayer en las calles de Chile son aplastantes: el 78’2% de los votantes aprueban la derogación de la actual constitución nacida en la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y el inicio de un proceso constituyente para una nueva Carta Magna. El órgano que deberá redactar el nuevo texto será una convención constitucional de 155 ciudadanos, elegidos mediante plebiscito popular el próximo 11 de abril de 2021. Así lo han querido el 79’24% de los votantes, frente al 20’76 que apostaban por una comisión mixta de parlamentarios y ciudadanos elegidos.

Este resultado es, sin duda alguna, una victoria del pueblo de Chile contra la oligarquía heredera del golpista Augusto Pinochet, así como contra sus colaboradores más cercanos. Y es una victoria no solo por la cuestión simbólica de acabar con la Constitución de un dictador culpable de miles de torturas, asesinatos y desapariciones, sino porque la misma ha permitido que las fuerzas policiales y el entramado jurídico e institucional de la dictadura siguiera existiendo.

Pese a ser un mero plebiscito y encajar dentro de las lógicas de la democracia burguesa, la oligarquía chilena y los intereses imperialistas no han permitido margen de mejora mínimo. Por eso mismo es una victoria aún si entendemos que la votación no es una concesión de la clase dominante, sino que el derecho a votar una nueva constitución fue ganado a costa de las movilizaciones y luchas populares del pasado 2019, concretamente del estallido social del 18 de octubre donde murieron 34 personas, unas 3.400 fueron hospitalizadas y más de 8.800 fueron arrestadas. 

El proceso constituyente que ahora se inicia podrá vehicular todas las demandas por las que la clase obrera y las masas populares se levantaron: condonar la deuda externa, reformar las pensiones, la sanidad pública, reformar al cuerpo policíaco-militar de los carabineros, reformar la policía, reconocer y proteger a los pueblos originarios y la nacionalización de sectores productivos, entre otros.

Está en mano de los comunistas, de la clase obrera y del pueblo de Chile que, en esta nueva fase de la lucha de clases, se dote de la perspectiva revolucionaria para utilizar el proceso constituyente como herramienta para golpear con más fuerza a oligarquía y a todos los intereses imperialistas que operan en suelo chileno.