Pasado, presente y futuro de la lucha LGTB

La lucha LGTB es la lucha de toda nuestra clase

Pese a la relevancia mediática de los pasados días respecto a la realización del Orgullo LGTB, no podemos sino volver a recordar que la lucha del colectivo no es lucha de un día, ni tampoco una lucha nueva. Se trata de una lucha con recorrido y con historia, marcada por la discriminación y la persecución dirigida contra este colectivo.

En nuestra historia más reciente, centrándonos en el caso español, es una verdad la violencia y la estigmatización padecida por un sector de la clase obrera bajo el paraguas de una moral que negaba o reprimía la existencia fuera de la normatividad
heterosexual o las imposiciones de género. Si bien en la II República se produce una despenalización de la homosexualidad, la realidad es que no existían leyes que protegieran propiamente a las personas LGTB, ni por supuesto un nivel de conciencia
social que garantizara su integridad física o respaldara su situación.

Al desatarse la dictadura franquista, esta realidad se intensificó de forma dramática; la violencia padecida por este colectivo se sistematizó y produjo de forma mucho más encarnada, con el apoyo de la influencia de la moral católica que tuvo un gran peso ala hora de cimentar los valores reproducidos en el régimen. En 1954, con la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes proveniente de la II República, se penaliza la homosexualidad. A diferencia de otras leyes contemporáneas, esta ley no sólo penaliza aquello que era categorizado como “actos homosexuales”, sino la misma condición de homosexual, por lo que a quienes era aplicada esta ley podían ser encarcelados por el mero hecho de no comulgar con el ideal promulgado durante la dictadura, y por suponer una ruptura con el modelo familiar heterosexual y las implicaciones ideológicas de los papeles que hombres y mujeres mantenían en su seno, poniendo en marcha un potente aparato ideológico que reforzara a través de diversas instituciones este escaparate.

A consecuencia de esta voluntad, muchos fueron marginados, encerrados, torturados y asesinados, considerados traidores al nacionalcatolicismo.

Pese a la particularidad de la situación de terror vivida durante la dictadura y la persecución llevada a cabo no sólo contra el colectivo LGTB, sino hacia cualquiera que supusiera un cuestionamiento de los pilares o valores del régimen -como fueron los luchadores antifranquistas- la realidad a nivel internacional en aquellos países donde proliferaban los regímenes democráticos tampoco constituía ni mucho menos una realidad libre de peligro para las personas LGTB. Un ejemplo lo encontramos en la muy tardía despenalización de la homosexualidad en gran parte de los países europeos, siendo una realidad que a día de hoy hay países en el mundo donde todavía pertenecer a este colectivo constituye un delito.

Sin embargo, pese a la crudeza del contexto, la lucha contra la represión y la discriminación era incesante. En 1969 se producen en Estados Unidos los disturbios de Stonewall, que serán una fecha clave a nivel internacional para las luchas de la
comunidad, que también comienzan a tomar forma en el caso español.

En España, se produce en esta década un cierto aperturismo en lo económico y social hacia el final de la dictadura, muy influido por las potencias extranjeras. Pese a ello, en 1970 se aprobaba en España la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que ahondaba en la patologización de las personas LGTB, lo cual tuvo consecuencias terribles en forma de “tratamientos”, que no eran sino torturas para tratar de “reformar” a aquellos a los que afectaba esta ley.

En lo que respecta a la organización de este sector de la clase trabajadora, además de los actos homosexuales, se condenan las asociaciones, encuentros y cualquier expresión que hiciera referencia a la homosexualidad. Hemos de tener en cuenta que, además de por esta ley, muchas personas LGTB acababan acusadas también del delito de Escándalo Público, lo que agravaba incluso más sus penas.

Aunque podríamos pensar que con la muerte del dictador en 1975 se produciría un cambio drástico en la situación del colectivo, lo cierto es que entre 1976 y 1977 se encarcelaron a unas 600 personas por la aún vigente ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que no pudieron acogerse a la amnistía de la Transición hasta 3 años después.

En 1977 se crea en Barcelona el Front d’Alliberament Gai de Catalunya, en la clandestinidad, pues todavía era ilegal. Este movimiento convocó la primera manifestación LGTB en todo el Estado Español, que fue duramente reprimida por los
cuerpos policiales.

Ante la prohibición de celebrar esta manifestación al año siguiente, el FAGC decide organizar un encierro en la parroquia de Sant Miquel de Barcelona. La presión del colectivo organizado consigue que se retiren los artículos sobre la homosexualidad de la ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, un año después de la aprobación de la Constitución.

Si bien comienzan a vislumbrarse de forma esperanzadora avances en la lucha, la lacra de la estigmatización sigue muy presente, y se intensifica de forma grave durante la década de los 80, con la aparición del SIDA, que de forma temprana se achaca especialmente a las personas homosexuales, profundizando y tratando de dar soporte a su situación de discriminación. El colectivo LGTB sufre una profunda campaña de marginalización a nivel social, apoyada por las instituciones. De esta forma, las organizaciones LGTB se ven obligadas a luchar por un lado contra la represión y por la
normalización, y por otro contra el SIDA.

Los cambios, la normalización y la integración vienen de forma lenta, y no sin luchar. Hasta 1990 la OMS no retira la homosexualidad de su clasificación de enfermedades mentales, lo cual no deja de suponer que hasta esa fecha miles de personas se vieron sujetas a tratamientos de reconversión y todo tipo de ejercicios de tortura para tratar de imponer unos valores acordes a los promulgados en la sociedad de clases.

La represión y la lucha han sido una constante en la historia del movimiento LGTB; la implicación del movimiento obrero y de miles de comunistas, también. No es posible no reconocer aquellos errores y posicionamientos históricos mantenidos
por algunos de los Partidos comunistas a lo largo de la historia, sin embargo, esta denuncia ha de ser coherente. Ha de ser coherente porque no puede descontextualizar la historia, borrar a los comunistas que respaldaron las luchas del movimiento LGTB, ni los avances conquistados en los países socialistas. No se puede instrumentalizar los errores del pasado para negar las luchas del presente, o cargar contra quienes luchan por el fin de la explotación.

Teniendo esto presente, esta denuncia también debe ser sobretodo coherente, porque no puede reconocer estos errores sin enmendarlos. Precisa de autocrítica. Una autocrítica que parta de la verdad, y se esfuerce de forma consecuente por subsanar los análisis que dan la espalda a un sector vulnerable de la clase trabajadora. Una autocrítica que reconozca la situación particular de las personas LGTB de clase trabajadora, y no ignore sus problemáticas.

Aunque la presión y la lucha férrea del colectivo han supuesto avances y mejoras notables en la vida de las personas LGTB, no podemos obviar el hecho de que estas son insuficientes. Lo son por un lado porque no son suficientes para garantizar la
libertad real del colectivo, y por otro porque no llegan a la totalidad de este. En 2019 se cerró el año con un 58% más de denuncias de agresión que el año anterior, y son muchos los estudios que señalan cómo en los últimos años se ha producido un repunte, no solo en las denuncias, sino también en las agresiones contra el colectivo.

No podemos olvidar que las personas trans sufren tasas altísimas de paro y están abocadas en muchos casos a la más absoluta precariedad, constituyendo uno de los colectivos más vulnerables de la clase trabajadora. Tampoco cómo el capitalismo se aprovecha de la opresión que genera, mediante la sexualización de las relaciones lésbicas, el pinkwashing o lavado de imagen, la mercantilización de las reivindicaciones del colectivo, etc.

Por eso mismo, hemos de ser conscientes de que no lograremos acabar con nuestra opresión sin acabar con el sistema que las produce, si no luchamos por ir más allá de lo que el Capitalismo puede darnos.

La lucha LGTB es la lucha de toda nuestra clase, y nuestra lucha no puede ser otra que la de acabar con todas las opresiones.

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