Nuestro orgullo es de clase

El Día Internacional del Orgullo LGTB se celebra anualmente el 28 de junio.

En este día continuamos sin dejar de reivindicar los derechos del colectivo LGBT y rememoramos la lucha histórica contra la represión y la moral del sistema capitalista. Esta fecha tiene su origen el 28 de junio de 1969, cuando una redada policial en Stonewall obtuvo como respuesta una serie de movilizaciones y manifestaciones que durante días respondían a la opresión y violencia que la comunidad llevaba sufriendo de forma permanente al amparo del propio Estado burgués.

Los individuos que conformamos la clase trabajadora –que es una, pero diversa-  estamos sujetos no solo a la explotación del trabajo asalariado, sino también a distintas formas de opresión que tienen su origen en la sociedad de clases.

Esta discriminación que padece el colectivo LGTB no ha desaparecido;  se mantiene de forma constante en el día a día de las personas que sufren la violencia de forma sutil o explícita, el miedo de hacerse visibles, o sus consecuencias. Se mantiene en el rechazo que sufren en todos los ámbitos de su vida personal, académica o laboral. Aún en muchos lugares del mundo la orientación sexual o la identidad de género de algunas personas constituye un delito que es perseguido. Todavía el acceso al mundo laboral es una odisea para muchas personas que integran el colectivo, en especial en el caso de las personas trans, que enfrentan una situación de gran vulnerabilidad económica a consecuencia de esta situación. Aún seguimos padeciendo los problemas psicológicos derivados de enfrentarnos al acoso, al rechazo. Cargamos con prejuicios, estigmas, falta de representación… en definitiva, seguimos soportando el peso de enfrentar la norma social establecida en el marco de la sociedad de clases.

Por más que se trate desde muchos sectores de resolver este problema desde una óptica interclasista, que obvia la realidad de todas las personas de clase obrera que integramos este colectivo, no podemos olvidar que ignorar la opresión y la violencia sufrida por una parte de la clase trabajadora solo contribuye a empeorar su situación particular y profundizar en la desunión de la clase trabajadora.

Cuando decimos que nuestro orgullo es de clase, no sólo es por la necesidad de visibilizar la lucha de clases que subyace a estas formas de discriminación, o por la necesidad de integrar plenamente a este sector de la clase obrera en las luchas de los trabajadores, sino también, porque sabemos que este orgullo no es individual, sino colectivo.

Nuestro orgullo es de clase porque busca acabar con todas las formas de opresión. Porque no sólo reivindica nuestro derecho a ser, sino también es inagotable en la lucha por conquistar un futuro mejor para todos los que padecen nuestra situación, y también otras que no sufrimos. Nuestro orgullo no tiene fronteras, es internacionalista.

El nuestro es un orgullo que abre puertas, vacía armarios, y que reniega de los ideales liberales que reivindican la libertad para uno mismo mientras ignoran la explotación de los demás.

En nuestro orgullo no cabe quien nos explota, quien se beneficia de nuestra opresión o saca rédito de nuestra lucha. No caben los estereotipos adinerados en los que intentan que nos reflejemos, y que no representan la realidad y la dureza de los elementos más vulnerables de la clase obrera. No caben los que quieren hacer nuestras consignas que van en contra de la libertad de las mujeres obreras. En ese orgullo, el suyo, el de la clase dominante, no cabemos ni queremos caber nosotros.

Es por eso que no podemos dejar de reivindicar este día como lo que nunca debe dejar de ser: un día de lucha, de conciencia de clase, de organización contra quien nos oprime.

Por un orgullo combativo, de lucha y con conciencia de clase