Ni explotadas, ni cosificadas. Sobre la situación de las trabajadoras en las casas de apuestas

Mucho más lejos de la realidad que nos vende la socialdemocracia, las más recientes restricciones contra el juego y las casas de apuestas no son el éxito que pretenden exaltar. Si bien ya nos pronunciábamos anteriormente contra la insuficiencia de estas restricciones, volvemos a remarcar cuál es la realidad de estos negocios y el trasfondo del impacto que generan, de muy diversas formas.

El problema de la ludopatía en la clase trabajadora es el desarrollo y la consecuencia de la publicidad de las casas de apuestas, salones de juegos y casinos, que venden el juego como una manera de solventar los problemas económicos de las personas de clase obrera, de conseguir dinero fácil, de salir de la pobreza. Estos negocios  se aprovechan de la adicción y de las condiciones de precariedad que tienen como causa directa el sistema capitalista, con el fin de conseguir el máximo beneficio. Como ya sabemos, estos locales se encuentran ubicados de forma significativa en los barrios más pobres porque son las personas que habitan en estos las más propensas a caer en adicción para solventar sus deudas o problemas. La ludopatía es un drama que afecta a miles de familias obreras y es la burguesía, la clase antagónica, la que se enriquece de esta enfermedad.

Y tras esta cortina de humo de supuestas mejoras en cuanto a la publicidad y promoción de casas de apuestas, se esconde otra realidad tras las casas de apuestas: la explotación de sus trabajadores, y especial, de sus trabajadoras. 

Es por ello que vemos que los dueños de estas casas de apuestas, no pretenden otra cosa que continuar ganando dinero a toda costa. No sólo a través de la condiciones de la vida de las masas a las que se pretende hacer creer que pueden conseguir dinero fácil,  sino también con la explotación de los propios trabajadores.

Hablaremos de la doble opresión de la mujer trabajadora, que también vemos reflejado en este sector. Todo esto comienza con la demanda del trabajo, la realidad tras el papel mojado que representan las cláusulas del contrario no es más que: acoso, sexualizacion y objetivizacion de la mujer. No es vista más que una forma de atraer a los clientes para continuar con el negocio en torno a la ludopatía.

“Poco a poco empecé a conocer a mi jefe que decía que sólo contrataba a mujeres porque nosotras aguantamos más cosas y porque a la vista somos más atractivas para los hombres que entran a apostar»,contaba una trabajadora en el Público.

 No solo se busca un personal femenino, sino además, mujeres jóvenes que deben entrar en un canon físico. Los empresarios utilizan a sus trabajadoras como un reclamo sexual, utilizando el poder de su clase para  obligar a las trabajadoras a entrar en unos requisitos de vestimenta para atraer a los clientes. «Llevábamos faldas cortas y escote. Aunque fuese invierno teníamos que ir muy ligeras de ropa y si nos poníamos medias de invierno a nuestro jefe no le sentaba bien. Además, no podíamos decir que teníamos novio porque, entonces, ya no estábamos disponibles».

Los hombres que visitan estos locales tienen vía libre para violentar a las trabajadores, presuponiéndose incluso este acoso y culpabilizando a las trabajadoras en caso de queja.

“Cuando dabas el aviso a los jefes se solían tomar medidas, pero si el cliente era habitual y se dejaba mucho dinero tienes que aguantar prácticamente de todo». 

Estos negocios, a parte de convertir la enfermedad como medio de enriquecerse, cosifican a sus trabajadoras y las utilizan como un medio más, un objeto más.

Desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores entendemos que, tras la lacra de las casas de apuestas, no solo hay una gran adicción -provocada por el propio capitalismo y que sacude con violencia a la clase trabajadora- sino también una gran explotación de sus trabajadores y en específico de las mujeres, siendo utilizadas como una forma más de fomentar el juego.  Las mujeres trabajadoras se ven en una gran necesidad económica por la que se ven obligadas a aceptar trabajos con mayor índice de explotación y precariedad; esta necesidad de dinero es una herramienta utilizada por el capitalismo para justificar  la violencia e inseguridad que ellas sufren día a día.

Es por ello que no podemos dejar de señalar esta como otra de las miserias que suponen las casas de apuestas, la necesidad de combatir la situación de vulnerabilidad y desigualdad que sufren las mujeres trabajadoras, y la explotación que diariamente padecemos bajo la lacra del sistema capitalista.

La abolición del juego y del patriarcado es una lucha inserta dentro de la lucha contra el capitalismo.

¡Su juego, nuestra explotación y ruina! ¡Fuego a las casas de apuestas!