Movemos el mundo, paramos sus golpes

Contra la explotación del capital construyamos el poder obrero

Somos los trabajadores los que día tras día construimos el mundo que vendrá; somos nosotros quienes movemos con nuestra fuerza el mundo que hoy existe, y también, quienes nos vemos obligados a parar los golpes de una clase dominante que se lucra de nuestra explotación.

La propaganda de este sistema nos quiere hacer creer que explotadores y explotados constituimos dos partes que se necesitan, que se complementan de forma necesaria, que podemos coexistir en paz o que incluso mantenemos entre nosotros una deuda,  en lugar de dirigir la mirada a la relación de parasitismo y opresión que existe por parte de la burguesía hacia la clase trabajadora. 

Estas clases se relacionan, como no puede ser de otra manera en un sistema basado en el intercambio, mediante la compra-venta de una mercancía, la única que puede vender el proletario y la única que necesita el burgués para poner a rendir sus medios: la fuerza de trabajo, la capacidad de transformar el mundo.  Es además, esta capacidad lo que permite al burgués obtener beneficios, ya que es la única mercancía que puede generar valor. 

Ningún trabajador necesita un empresario que se lucre de su trabajo. 

Sin propietarios los medios de producción seguirían siéndolo. Sin trabajo, son solo ruinas.  

Quien amasa capital a costa de apropiarse del fruto del trabajo ajeno, de arriesgar nuestra salud y nuestra vida, o de hacer peligrar nuestros derechos más básicos sí necesita de nuestra explotación; sí que necesita del sistema al que da cimientos.

Bajo la dinámica de este sistema, cada capitalista pugna por obtener la mayor ganancia posible, invirtiendo y aumentando la explotación en su propio ámbito.

Cuando la prioridad es aumentar los beneficios, las instituciones del capitalismo operan para garantizar el aumento de las ganancias de los empresarios, en detrimento de las condiciones de vida de la clase trabajadora: presión sobre los salarios, aumento de la jornada, despidos, y en definitiva, tratar de hacer retroceder cada derecho conquistado…

En el capitalismo, los trabajadores no valemos más que lo que somos capaces de producir o el beneficio que podemos generar. Por eso, organizados luchamos con las herramientas que nuestra clase posee por frenar los ataques de la burguesía, sin conformarnos con las migajas que nos brinde este sistema.

Hacer frente a la cantidad de recursos que mueven la burguesía y la socialdemocracia por desunir y desmovilizar a los trabajadores no es tarea sencilla.  La lucha de clases existe, y el enemigo adquiere en esta fase del capitalismo un carácter internacional, como internacional es la lucha y la solidaridad entre trabajadores. 

Frenar los ataques del capitalismo no es suficiente; las pequeñas mejoras en el marco de un sistema de explotación no son suficientes; ni una vida sometida a los designios del capital será para los trabajadores suficiente.

Para acabar con la explotación, debemos conquistar el poder obrero: organizar la Revolución.