Menos humo y más fuego: sobre la “prohibición” de la publicidad de apuestas y juegos de azar

Este martes 31 de agosto entra en vigor una serie de restricciones contra las casas de apuestas, especialmente contra la publicidad y promoción de las apuestas deportivas. La socialdemocracia, con Alberto Garzón a la cabeza del Ministerio de Consumo, no duda en celebrarlo como un gran éxito. Mientras Garzón señalaba que “esta noche entra en vigor la prohibición de publicidad de juegos de azar y apuestas. No ha sido fácil”, su compañera de Gobierno Yolanda Díaz afirmaba rotundamente que la medida es “un paso fundamental para alejar de nuestros barrios y de nuestras vidas una forma de ocio que compromete el futuro de la juventud”.

Nada de esto es cierto. La socialdemocracia de Unidas Podemos, Izquierda Unida y el PCE continúa con la política del humo, miente a la clase obrera una vez más. El tan sonado Real Decreto 958/2020, de 3 de noviembre, de comunicaciones comerciales de las actividades de juego que “prohíbe” la publicidad de las casas de apuestas no es más que una de tantas normas con poco recorrido, pero con mucho impacto mediático.

Lo mismo ocurrió cuando Pablo Iglesias, aún ministro, decía con atrevimiento que “hemos aprobado en el Consejo de Ministro la suspensión de los desahucios sin alternativa habitacional y la prohibición de cortes de agua y gas a hogares vulnerables mientras dure el estado de alarma” mientras había un desahucio cada 2 horas en el Estado español durante el año de la pandemia. Lo mismo ocurrió cuando Yolanda Díaz sentenció que “hemos prohibido el despido” mientras cientos de miles de trabajadores sufrían despidos, ERTEs ilegales y todo tipo de tropelías. La socialdemocracia vende humo porque no puede vender mejoras reales cuando la crisis capitalista golpea a nuestra clase, especialmente Alberto Garzón después de las subidas históricas en el precio de la luz y sus declaraciones de “vamos a convertir votos en nacionalizaciones de eléctricas” cuando estaba en la oposición.

Las reestricciones son insuficientes, pero no solo por el alcance de las medidas sino por su mera aplicación. Desgranemos algunas medidas:

No se prohíbe la publicidad en internet: “se permitirá cuando haya consentimiento del receptor”. ¿Acaso no existen los correos spam, las cookies abusivas, los bots y cuentas falsas de redes sociales y todos los métodos que existen?

No se prohíbe que los menores puedan apostar: “se incluye un control parental en la publicidad de juego en internet, con mecanismos de bloqueo de anuncios”. ¿Acaso olvidamos que el control parental y los algoritmos de las páginas web en la mayoría de ocasiones no deja de ser pulsar un botón que pone “sí, soy mayor de edad”?

No se prohíben los bonos de captación. Las operadoras “no podrán dirigir ofertas a personas con patologías derivadas del juego. Solo podrán publicitarlas a clientes verificados”. ¿Acaso olvidamos que la mayoría de las 680.000 personas con problemas de ludopatía no tienen diagnosticado un problema? ¿Nos olvidamos del problema real de los microcréditos donde las empresas de crédito y los bancos son los principales responsables?

Las firmas de apuestas utilizarán los mismos métodos que usan los grandes portales de pornografía para evitar las distintas prohibiciones.

El Real Decreto no es solo insuficiente, como hemos dicho, sino también cobarde: pese a que la norma no supone ningún problema real para las firmas de apuestas a la hora de continuar con sus negocios, el Gobierno ha esperado a que finalizara los eventos deportivos del verano (Eurocopa, Juegos Olímpicos…) y en una semana sin Primera División en la liga de Fútbol para hacerla efectiva.

Esta nueva ley es una tímida declaración de intenciones con poco impacto en la vida de las masas. No se ataja el problema de la proliferación de casas de apuestas, que se multiplican; las ordenanzas municipales y directrices autonómicas siguen sin poder frenar que la burguesía levante salones de juego en institutos, colegios, polígonos industriales y barrios obreros. No se ataja el problema de los microcréditos. Cada vez son más quienes se ven arruinados después de recurrir a las empresas de microcréditos y a los créditos express de los bancos, créditos en ocasiones abusivos e ilegales de hasta un 21% de interés que los trabajadores adquieren para pagar antiguas deudas y seguir jugando.

No se ataja la modernización del juego en los bares de barrio, que cada vez más cambian sus “máquinas tragaperras” por complejas máquinas táctiles y visualmente atractivas que te permiten apostar en más de 30 deportes en competiciones de todo el mundo. Pero Alberto Garzón señala que “ha sido difícil” sacar adelante (¡estando en el Gobierno!) un Real Decreto que solo hace cosquillas a la burguesía del juego.

Desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores entendemos que las casas de apuestas, los salones de juego, los casinos y las apuestas deportivas son varias caras de la misma moneda: el problema del juego y la sociedad de clases. Las condiciones de vida de las masas son las que fuerzan la desesperación por conseguir dinero rápido, que sumado a la falsa expectativa del “golpe de suerte” para solucionar los problemas económicos, crean las condiciones perfectas para la ludopatía. La ludopatía es una patología social, un drama que afecta a cientos de miles de familias obreras y drama que la burguesía fomenta y se enriquece. Las causas subyacentes del problema del juego no se pueden solucionar a golpe de ley como predica la socialdemocracia, sino combatiendo el origen de la desesperación de los barrios obreros: la sociedad de clases.

Las casas de apuestas es resultado del desarrollo dialéctico del problema del juego: anteriormente los trabajadores debían acudir a grandes casinos o jugar en la máquina del bar. Ahora tienen en sus barrios y polígonos macrocentros de todo tipo de apuestas y juegos de azar, centros accesibles y atractivos para evadirse de una vida de problemas de la sociedad de clases.

El juego no se da solo en las casas de apuestas, pero estas sí son el centro de las mismas, donde se profundizan más las contradicciones. Por eso los comunistas no podemos sino apostar por la justa rebelión de las masas contra las casas de apuestas, aplicando la línea de masas para evidenciar, finalmente, que la abolición del juego es una lucha inserta dentro de la lucha contra el capitalismo y la sociedad de clases.

¡Su juego, nuestra ruina! ¡Fuego a las casas de apuestas!

¡Frente al humo de la socialdemocracia el fuego de la lucha de masas!