Lucha de clases en la vuelta al cole

A lo largo de esta semana estamos presenciando una vuelta a las aulas especialmente peligrosa para los estudiantes de clase trabajadora. Consecuencia de la crisis sanitaria, que ha agudizado la desmantelación y ataque a la educación pública que hemos sufrido los estudiantes de clase obrera y que ha hecho que las desigualdades que ya existían dentro del sistema educativo se agraven. Durante el confinamiento, la enseñanza telemática incrementó la brecha educativa entre clases. Muchas familias trabajadoras sin acceso a materiales educativos, a dispositivos para seguir las clases online o con una situación doméstica que impedía tener un ambiente de estudio adecuado, se vieron especialmente perjudicadas.

Asistimos, de nuevo, a un escenario donde los perjudicados somos los estudiantes de clase trabajadora, que tenemos que soportar los golpes de la crisis. Mientras los hijos de la burguesía disponen de los medios para hacer frente al confinamiento sin mayores dificultades. Es por ello que, la presencialidad es insustituible y un nuevo confinamiento supondría profundizar aún más estas desigualdades de clase que son inherentes al sistema capitalista y que se reproducen de igual forma en la educación.

Por otro lado, los profesores y el resto de trabajadores de la comunidad educativa ponen en riesgo su salud al no contar con los recursos adecuados para que la vuelta a clase sea segura. Tampoco podemos olvidar, en el núcleo familiar, que cuando ambos progenitores trabajan son las personas más mayores quienes han de hacerse cargo de las responsabilidades de cuidados.

Sumado a esto, los centros educativos de los barrios obreros suelen ser los más masificados y los que se encuentran en peores condiciones. Estas condiciones pueden ser desde la falta de EPIs para profesores y demás trabajadores de los centros como el alto número de alumnos por clase, que dificulta una vuelta a las aulas segura para el alumnado. Según calculan los sindicatos, se necesitaría una cantidad de 7.000 millones de euros y 165.000 profesores más para la educación pública. 

Estas cifras chocan frontalmente con los intereses de la burguesía, que lleva años impulsando políticas educativas encaminadas a la reducción de la calidad educativa con tal de expulsar a los estudiantes de clase trabajadora para cubrir su demanda de mano de obra poco cualificada. Esto se pudo observar de forma mucho más clara durante la anterior crisis, cuando España fue uno de los cinco países de la UE que más recortes impulsó en materia educativa, hasta un 6,8% en 2012 tras diversos ‘tijeretazos’ los años anteriores. Esto, junto al hecho de que nunca se aumentó el presupuesto educativo, supuso que en 2018 el recorte educativo se situase en 6.000 millones de euros pese a la salida de la crisis. Además, cabe destacar las últimas declaraciones de la ministra Celaá, que propone que el presupuesto educativo alcance el 5% del PIB, pero habiendo caído este un 22,1% de su tasa interanual.

En la época de crisis, se puede ver como una cantidad importante del alumnado de la clase obrera se ve obligado a dejar sus estudios para trabajar y aportar a la economía familiar, por tanto, durante las etapas de crisis la burguesía se ve especialmente favorecida al consigue aumentar el número de trabajadores a su alcance y mermar a su vez los derechos laborales por la competencia entre trabajadores por conseguir uno de los pocos puestos de trabajo de los que disponen.

Junto a la burguesía, y ligado a esta, cabe destacar el papel del Gobierno burgués, que no ha dudado en posicionarse a su lado y garantizar los intereses de la burguesía al legislar una vuelta a las clases con unas medidas de seguridad insuficientes, que solo parchean el problema y que además son especialmente difíciles de implantar en centros educativos muy masificados o en barrios obreros donde las familias tienen pocos recursos. Este podría ser el caso de las mascarillas, que, aunque tengan una vida útil de 4h multitud de estudiantes tienen que reutilizarlas durante días o incluso meses por falta de recursos.

Mientras nosotros nos hundimos, ellos sacan beneficios. El gobierno socialdemócrata deja clara su vinculación con la burguesía al implantar medidas que perjudican a la clase obrera y no van a la raíz del problema, pero la comunidad educativa responde. Profesores y alumnos han iniciado una serie de movilizaciones y sobre la mesa está el estallido de nuevas luchas. Animamos a la organización por nuestros derechos, a asistir a las movilizaciones y a la huelga estudiantil. Solo volviendo a las calles conseguiremos arrebatarle nuevas conquistas a la burguesía y al gobierno que la ampara.