La oleada reaccionaria en Europa del Este

Desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores veníamos denunciando casos de represión contrarrevolucionaria, y el carácter reaccionario del imperialismo en muchos lugares del mundo como India, Turquía o la colaboración de esta última con Alemania. Por desgracia, también existe una brutal represión y una ola reaccionaria que lleva años barriendo casi toda Europa del Este. Desde hace décadas, vuelven a ondear los estandartes de la reacción, y ocurre justo donde el proletariado vio triunfar la Revolución de 1917 y donde las tropas revolucionarias derrotaron al fascismo años después.

svoboda

Tras el desmantelamiento de la URSS y su área de influencia, en estos países actuaron los intereses de muchas facciones: la oligarquía financiera, los aparatos y camarillas revisionistas con intereses burgueses, y en general, aquellos que durante décadas esperaron impacientemente la restauración plena del capitalismo más feroz. Con la victoria final de la burguesía, se acompañó esta gran reforma económica con una gran represión política y una gran ofensiva ideológica, prohibiendo y persiguiendo los partidos y toda simbología o referencia al comunismo. Se detuvieron dirigentes de partidos comunistas como Erich Honecker en la RDA, Nexhmije Hoxha en Albania, y a otros se los fusiló como a Nicolae Ceausescu.

Estos últimos años han demostrado que la ofensiva reaccionaria no es algo propio del pasado: hace 9 años en la República Checa se intentaba ilegalizar al Partido Comunista de Bohemia y Moravia. En Ucrania, hace 5 años se prohibieron todos los partidos comunistas del país. Existen otras muchas leyes que llevan años prohibiendo que haya simbología comunista en espacios públicos en otros muchos países de la zona.

Esta ofensiva hay que enmarcarla en el contexto político en el que encontramos gran parte de Europa del Este en la actualidad: en muchos países, se están dando victorias o grandes resultados de fuerzas que podemos considerar de extrema derecha en la mayoría de casos, llegando a existir países con un movimiento fascista realmente peligroso.

En cuanto a triunfos reaccionarios, podemos verlos en: Hungría con Viktor Orbán, ferviente anticomunista desde joven, y con un discurso marcadamente xenófobo y chovinista; las victorias del PiS en Polonia, que estos años ha llevado a cabo la ofensiva para ilegalizar la actividad comunista, ha protagonizado fuertes campañas contra el colectivo LGTB y tiene un marcado carácter chovinista. Además, en estos dos países, tenemos el surgimiento de un movimiento fascista con escasos resultados electorales, pero con una gran actividad de calle como tropas de choque contra la actividad revolucionaria, el activismo sindical, los movimientos sociales progresistas y las minorías como los inmigrantes o el colectivo LGTB.

En cuanto a la aparición de un poder fascista más preocupante aún, tenemos varios casos en Europa del Este, en especial dos: en Eslovaquia tenemos el partido Kotlebistas-Partido Popular Nuestra Eslovaquia, que se declara heredero de la Eslovaquia fascista que fue un estado títere de la Alemania Nazi. Allí han obtenido una mejoría en los resultados electorales durante estos años, que han acompañado con un aumento de fuerza en las calles. Sus actuaciones se centran en el ataque a inmigrantes y gitanos.

Finalmente, tenemos el caso ucraniano, probablemente el más grave en cuanto a represión: la prohibición de los partidos comunistas en el año 2015 fue el colofón de una trayectoria contrarrevolucionaria que tuvo su auge con el Euromaidán. En estas protestas y durante el conflicto armado con Rusia, aparecieron multitud de organizaciones reaccionarias/fascistas con miles de militantes como Pravyi Sektor, Svoboda, Tryzub, S14 etc.

También se han armado fuertemente con la financiación de oligarcas ucranianos y fondos estadounidenses, por ejemplo, creando un ejército contrarrevolucionario, el Batallón Azov. Incluso el FBI ha reconocido recientemente, que miles de militantes fascistas/ultraderechistas estuvieron viajando durante años a Ucrania porque era un campo de entrenamiento militar perfecto para sus propósitos. Se llegó a casos tan crueles como quemar vivos a comunistas, fusilar sindicalistas y activistas de forma masiva o colgarlos por las calles de forma pública. La matanza de la Casa de los Sindicatos en Odessa supuso el acto fascista más salvaje que se ha presenciado en muchos años. 

En otros paises, la ofensiva ideológica es más sutil o no viene acompañada de una ofensiva y movilización política reaccionaria tan acusada, por ejemplo: en Estonia y Letonia, blanquean a aquellos que lucharon con las SS y contra la URSS, considerándolos héroes nacionales que lucharon por la independencia, evitan o desmienten el colaboracionismo con el Holocausto, y condenan el comunismo. Recordemos que algo similar hizo la UE el año pasado, equiparando el ‘’horror’’ que suponían el nazismo y el comunismo, a instancias de una petición encabezada por Polonia. 

Por último, debemos hablar de Rusia. Dentro de los ámbitos comunistas o progresistas, aún hay quienes defienden un supuesto papel antiimperialista o positivo por parte de Rusia. Defienden su actuación por enfrentarse al imperialismo estadounidense y europeo, y en ocasiones, el estado ruso realiza guiños al folklore soviético como los desfiles del Día de la Victoria, o el cambio de nombre temporal de Volgogrado, por ‘’Stalingrado’’. Debemos ser muy claros: la política rusa lleva mucho tiempo dominada por los oligarcas, y está marcada por el chovinismo, la política antiobrera, la represión contra los derechos democráticos de las masas, y el imperialismo, incluso de corte militar.

A su vez, no nos parece casual que líderes de extrema derecha como Nigel Farage o Marine Le Pen se referencien en Putin abiertamente, o que este último financie de forma interesada proyectos de extrema derecha en Europa Occidental para desestabilizar a su rival, la UE. Por último, si aún quedan dudas o justificaciones en torno a las actuaciones de Rusia y Putin, podemos hablar también del homenaje nacional que se realizó en el año 2018 a un ‘’verdadero y leal patriota’’ –según decía Putin-: Aleksandr Solzhenitsyn, uno de los anticomunistas más productivos y usados por la burguesía.

En definitiva, cada vez tenemos más pruebas del carácter reaccionario del imperialismo, que no sólo impide el avance en la liberación de los pueblos oprimidos y de la clase trabajadora, sino que condena todo el legado del movimiento comunista, ataca brutalmente al movimiento obrero y rechaza los avances democráticos conseguidos durante décadas de luchas. El análisis correcto de esta situación es clave por dos motivos en especial: entender que la burguesía es nuestro enemigo y usará todas sus herramientas para combatir el comunismo, que sigue siendo su mayor miedo y obsesión; si analizamos cómo ha avanzado la reacción en otros países, podremos conocer cómo puede atacarnos el enemigo y prepararnos para hacerle frente.