La jornada laboral de 4 días

Recientemente hemos visto como ha saltado a la palestra mediática la cuestión de los cuatro días de trabajo semanales. Es una propuesta que ha realizado el partido de Íñigo Errejón, Mas País, y que ha tenido su eco en algunos sectores del Gobierno, especialmente en Podemos. Es de justicia decir que la idea de Mas País no es original suya, y es que el Gobierno de la Generalitat Valenciana ya estaba trabajando en este sentido y ya tiene aprobadas ayudas económicas a las empresas que implanten la jornada laboral de cuatro días en 2021.

Pablo Iglesias, ante la propuesta de Mas País, ha declarado que el Ministerio de Trabajo está estudiando esta propuesta, a lo que no ha tardado en responder el titular de Seguridad Social, José Luís Escrivá, diciendo que no es algo prioritario para el Gobierno. A lo que de nuevo ha vuelto a responder la Ministra de Trabajo diciendo que trabajan para su inmediata implantación. Más allá de que este tema parece haber vuelto a abrir brecha en el Gobierno más social de la historia, desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores pensamos que debemos dejar claro cuál es nuestro posicionamiento ante algo que a primera vista parece maravilloso, pero que no deja de ser una nueva forma de vender humo a la clase obrera y revestirse de ser ellos los que miran por su bienestar y futuro.

No deja de resultarnos curioso que una persona licenciada en Derecho y con un máster en Relaciones Laborales y Recursos Humanos, como es nuestra Ministra de Trabajo, hable de medir la jornada laboral en días. En nuestro país la jornada laboral se mide en horas. Esta no es una cuestión baladí. Independientemente de los días que se trabaje las horas de trabajo son las mismas. En los convenios colectivos esto recibe el nombre del cómputo anual, es decir, las horas que se tienen que trabajar al año, variando esto dependiendo de cada convenio. El Estatuto de los Trabajadores, en su artículo 34, deja clara esta cuestión al hablar en todo momento de horas de trabajo en relación a los días de trabajo. Esto lo podemos ver en convenios colectivos como el de hostelería de la Provincia de Valencia, que en relación a lo que estamos hablando dice: La jornada de trabajo se establece en 40 horas semanales de trabajo efectivo y equivalentes a 1.794 horas anuales efectivas. O el convenio colectivo del metal de Madrid, que dice lo siguiente: La jornada de trabajo para los años 2018,2019 y 2020 será de 1.764 horas de trabajo efectivo en cómputo anual. Con estas horas anuales, y teniendo en cuenta los días que tiene un año (dependiendo si contamos los días hábiles por el ámbito de trabajo de cada convenio), es como se elaboran los calendarios laborales en las empresas, repartiendo los pocos días de exceso de horas en los días festivos.

Siendo así, ¿Qué sentido tiene hablar de reducir los días de trabajo y no hablar de reducir el cómputo anual?

Ninguno. Carece totalmente de sentido. Si se impone la jornada laboral de cuatro días y no se bajan las horas de trabajo en los convenios colectivos hablamos de una medida inaplicable ya que los trabajadores no tendrían días suficientes para cumplir el cómputo anual. Esto nos llevaría a tener que trabajar durante una jornada infinita los cuatro días que trabajamos o a rebajar el salario de los trabajadores al trabajar menos horas de las que marca el cómputo del convenio.  Cabe matizar que la propuesta que plantean Más País y Compromís pretende mantener las mismas condiciones salariales, adaptándolas a la propuesta que presentan, pero sin aclarar como pretenden vehicularlo a través de los convenios ni si será una medida de obligado cumplimiento para las empresas. Además, debemos señalar que la medida pretende destinar 50 millones de euros por parte del estado para subvencionar a las empresas que apuesten por rebajar un día la jornada laboral, haciendo una vez más que el estado asuma las pérdidas que le per tocaría asumir a la burguesía.

Además, esta medida está pensada para sectores concretos y no es de aplicación para una gran cantidad de trabajadores. ¿Vamos a hablar de jornada de cuatro días para los trabajadores de las ETT o de las empresas multiservicios? ¿Hablamos de cuatro días laborales para los trabajadores de la hostelería y el comercio o sectores muy precarios con una alta tasa de trabajo en negro?

Más allá de esta cuestión, que como hemos visto es básica, tenemos que tener en cuenta también las horas extras.

El mercado laboral español es profundamente precario. Hablamos de índices muy elevados de temporalidad, siniestralidad, paro… Todo esto lleva a situaciones desesperadas por los trabajadores. Actualmente, según Comisiones Obreras, se realizan siete millones de horas extras a la semana, millones de las cuales se hacen gratis o se hacen en negro.

En nuestro país la lucha consecución de la jornada de ocho horas fue también debida a la fuerte lucha del movimiento obrero de la época. En 1919, después de la Huelga de La Canadiense, el gobierno español aceptó las demandas de los trabajadores catalanes que incluían una jornada de ocho horas, el reconocimiento de los sindicatos y el reintegro de los trabajadores despedidos. El Conde de Romanones fue relevado del gobierno en abril de 1919 después de firmar el 3 de abril de 1919 el llamado Decreto de la jornada de ocho horas. El 3 de abril fue aprobado el decreto y a partir del 1 de octubre de 1919 la jornada máxima total de trabajo fue de 8 horas al día y de 48 a la semana.

Ante tal cantidad de horas extraordinarias, hablando solo de las legales, y no persiguiendo realmente las que se hacen negro, ¿Tiene sentido hablar de la jornada laboral de cuatro días?

Volvemos a decirlo: en absoluto. Esta medida es, como hemos dicho al inicio, una forma de vender humo y parecer que el Gobierno vela por la clase trabajadora, cuando en realidad vela por los intereses de la burguesía.

Los comunistas siempre estaremos a favor de la reducción de la jornada de trabajo. Está en nuestro ADN desde los inicios del Movimiento Comunista Internacional. Ahora bien, no pedimos esto a cualquier precio.

La reducción de la jornada laboral que los comunistas exigimos viene dada por el desarrollo de las fuerzas productivas y manteniendo los salarios (o subiéndolos) que se percibían con jornadas más largas. Es decir, pedimos rebajar la jornada de trabajo porque es posible, pero en ningún caso bajando salarios o empeorando condiciones.

Ya lo expresó Friedrich Engels en el Prólogo a la Edición Alemana de 1890 de El Manifiesto del Partido Comunista:

Hoy, primero de mayo, el proletariado europeo y americano pasa revista por vez primera a sus contingentes puestos en pie de guerra como un ejército único, unido bajo una sola bandera y concentrado en un objetivo: la jornada normal de ocho horas, que ya proclamara la Internacional en el congreso de Ginebra en 1889, y que es menester elevar a ley.  El espectáculo del día de hoy abrirá los ojos a los capitalistas y a los grandes terratenientes de todos los países y les hará ver que la unión de los proletarios del mundo es ya un hecho.

Reivindicamos el ejemplo de la Unión Soviética en sus primeros años en este sentido. En 1917, justo después del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre, el gobierno de los Soviets instauró la jornada de ocho horas diarias, con un tope de 48 horas semanales, un auténtico logro en la época. Sin embargo, conforme el desarrollo del país lo permitió, en 1929, en el marco del Primer Plan Quinquenal, se pasó a una jornada laboral de siete horas diarias en un máximo de cinco días a la semana. Y en 1936 quedó protegido al incluirse en la Constitución Soviética de ese año. Así lo decía su artículo 119: Los ciudadanos de la URSS tienen derecho al descanso. Garantizan el derecho al descanso la jornada laboral de siete horas para los obreros y empleados y su reducción a seis horas para las profesiones cuyas condiciones de trabajo son difíciles, y a cuatro horas en las secciones en que dichas condiciones son especialmente difíciles; las vacaciones anuales pagadas para los obreros y empleados, y la existencia de una extensa red de sanatorios, casas de descanso y clubs, puestos a disposición de los trabajadores.

La reducción de la jornada laboral que los comunistas planteamos y exigimos solo es posible mediante la lucha revolucionaria, y no por falsas concesiones de gobiernos socialdemócratas. Solo la lucha de los trabajadores nos traerá lo que nos es nuestro por derecho.

Desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores denunciamos como oportunista los planteamientos del Ministerio de Trabajo sobre la jornada laboral de cuatro horas. Es una medida falaz que solo busca engañar a los trabajadores dentro del juego de la política parlamentaria burguesa. Los comunistas tenemos que luchar por la reducción de la jornada de trabajo, pero una reducción real que conlleve el mantenimiento de salarios y de condiciones, y que en ningún caso empeore las condiciones o sea una nueva excusa para precarizar las condiciones de trabajo de la clase trabajadora.