Contra la represión en Colombia, sólo queda la lucha

La clase obrera colombiana se embarcaba el 28 de abril, tras las movilizaciones de noviembre de 2019, en una jornada indefinida de Paro Nacional y protestas desencadenadas como respuesta a la Reforma Tributaria que el gobierno de Duque pretendía imponer.

Esta reforma que suponía un incremento al 19% del IVA de productos esenciales afectaría de forma determinante a una clase trabajadora muy empobrecida, que ha llenado durante días las calles de toda Colombia para frenar mediante la lucha las políticas que ahondaban en la situación de precariedad de los trabajadores colombianos.

Las fuerzas represivas han tratado con toda la dureza de la que podían servirse de aplacar a los trabajadores que se manifestaban en la calle.

Tras días de incesantes movilizaciones se contabilizan al menos 19 muertos y más de 800 heridos a causa de la violencia policial que se ha ejercido en esta semana de protestas.

La policía no dudó en recibir con balazos a la clase obrera, a los trabajadores y estudiantes que se plantaban frente a la situación de miseria agravada por la crisis económica y sanitaria internacional, y frente a las políticas de un Gobierno que desde este punto de partida legislaban como no en perjuicio de las personas más empobrecidas.

Las redes se han llenado de imágenes donde se ejerce la más explícita violencia por parte de las fuerzas represivas contra el pueblo colombiano.

En todo el mundo diferentes organismos internacionales se lanzaban a condenar o denunciar los abusos policiales sufridos en el desarrollo de las protestas, sin embargo, lo que muchos pretenden hacer ver como una anomalía no es más que la misma naturaleza de los Estados capitalistas, que necesitan de la represión y de la violencia ejercida contra la clase trabajadora para garantizar que el interés de la clase dominante prevalezca sobre el bienestar de los obreros.

Gobierno y Policía, Policía y Gobierno, han actuado como no podría ser de otra manera en contra del interés de los trabajadores de Colombia, y no han titubeado al tratar de sumirlos más en la miseria, o en intentar quebrantar su lucha por medio de la represión más salvaje.

El 30 de abril, el ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez publicaba en Twitter el siguiente mensaje: “Apoyamos el derecho de soldados y policías de utilizar sus armas para defender su integridad (…) de la acción criminal del terrorismo vandálico”.

Paralelamente en diversos medios de comunicación se criminalizaba de igual forma el contenido y el desarrollo de las protestas, en un intento de lavar la cara al horror ejercido contra los manifestantes, de justificar el asesinato, las detenciones arbitrarias, los disparos, agresiones, violencia sexual y la intimidación por parte de los militares que se desplegaban por todo el territorio nacional.

La Reforma Tributaria ha sido retirada además de darse la dimisión de Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda. Diversos sectores piden también la renuncia de Iván Duque.

Los sucesos de Colombia vuelven a evidenciar cómo el Estado no duda en reprimir usando la violencia más desmedida con tal de perpetuar el sistema capitalista. Demuestra el miedo que genera a los enemigos de  la clase obrera la organización de los trabajadores y el carácter de clase de un Estado que no representa el interés de los trabajadores colombianos, sino de quien fuerza su miseria.

Queremos mostrar toda nuestra solidaridad con los represaliados y mandar fuerza y valentía a la clase obrera de Colombia, que ha convertido en rabia el terror que se ha tratado de infundirles, obligada a sufrir a lo largo de estas jornadas la crudeza de un sistema que somete y no duda en llevarse por delante la vida de quienes lo combaten.

Contra su represión, nuestra lucha. Contra su horror, nuestra solidaridad.