Contra el racismo en el calzado

Hipocresía y mentiras de una burguesía criminal contra los trabajadores chinos

Tenemos que hablar del régimen de trabajo semiesclavo en el sector del calzado que afecta a miles de aparadoras, que no es exclusivo de ellas, ni tampoco de los trabajadores españoles: de las 14.000 personas que forman la comunidad china en la provincia de Alicante, se estima que al menos 1.000 trabajan en el calzado o en sus industrias auxiliares bajo las mismas condiciones de semiesclavitud, o incluso peor.

Las condiciones de trabajo de la comunidad obrera china en Elche y alrededores son absolutamente infrahumanas. Cientos de trabajadores ubicados en las fábricas y almacenes ilegales del barrio de Carrús, de la partida industrial de la Galia y de las partidas rurales de las pedanías trabajan entre 10 y 12 horas sin descanso, con poca o ninguna medida de protección por la inhalación de gases tóxicos y pegamentos, con techos y paredes de aluminio que en verano alcanzan los 40 grados, durmiendo en camas en las propias fábricas y con salarios que rara vez superan los 600 euros, siendo muchas veces víctimas de las mafias de comercio internacional de personas, brindándoles la falsa de esperanza de un futuro mejor en España a cambio de trabajo semiesclavo durante años.

Esta forma de explotación capitalista, salvaje e inhumana, responde a la necesidad de la burguesía china de introducirse en el calzado español, mercado dominado por el grupo monopolista de Tempe (Inditex), Pikolinos, Hispanitas y Gioseppo, entre otras grandes firmas. Ante el control de la producción, el pactado de los precios y la distribución de los mercados internacionales entre el cártel del calzado, la burguesía china se introduce agresivamente para disputar la hegemonía del actual grupo monopolístico.

El cártel del calzado, consciente que la irrupción agresiva de otro grupo de capitalistas en el sector podría hacerle perder poder y beneficios, desplegó toda una ofensiva en forma de racismo. De esta forma, se utilizó a cientos de trabajadores chinos explotado bajo condiciones infrahumanas como carne de cañón.

El grupo monopolístico utilizó y seguirá utilizando todos los medios a su disposición para desplegar la violencia racista para golpear a sus adversarios: desde comprar a la prensa provincial, como la famosa portada del Diario Información de “la mitad de los almacenes de calzado en Carrús son chinos”, noticia manifiestamente manipulada, hasta promover concentraciones racistas contra la presencia china en la ciudad de Elche, como la movilización de 2004 que acabó con un almacén chino en llamas.

Así es como de un conflicto interno entre la clase capitalista, ambas multimillonarias y con trabajadores en condiciones laborales de semiesclavitud, la clase obrera se ve perjudicada y enfrentada entre sí. Los colaboradores más directos del cártel monopolístico son conscientes de esto. Los comerciales y los “faeneros” del quinto y sexto nivel de subcontratación de Tempe (Inditex), quienes dan la materia prima a las aparadoras y la recogen el producto manufacturado, las amenazan con llevar el trabajo a los chinos “porque trabajan más” y las presionan para que trabajen más por menos.

No siendo ya suficiente, la condición de excepcionalidad sanitaria por la pandemia mundial del Covid-19, originado en Wuhan, ha profundizado la animadversión que ya se tenía hacia la comunidad obrera china en las comarcas del Vinalopó. Al racismo y a la situación de explotación se le suma el aislamiento y exclusión social que por la barrera idiomática y cultural sufren estos trabajadores.

Los comunistas debemos seguir luchando por la independencia de la clase obrera, separando los intereses del cártel del calzado y su mensaje racista frente a los verdaderos intereses de la clase obrera. La construcción de un movimiento obrero amplio, fuerte y combativo que dispute abiertamente el poder a Tempe (Inditex), Pikolinos, Hispanitas, Gioseppo y a todo el monopolio del calzado no solo debe desterrar cualquier tipo de racismo, sino que debe de integrar las reivindicaciones de los cientos de trabajadores chinos. Los comunistas debemos seguir luchando desde el internacionalismo proletario para evidenciar a los miles de trabajadores del calzado que la clase obrera es mundial.

Etiquetas: