Conquistemos nuestro futuro

Por una educación para la clase obrera

Durante décadas nos han vendido la educación reglada en general, y el sistema educativo español en particular, como la clave para acabar con la desigualdad, mostrándose a sí mismo como un ascensor social que permite elevar el nivel de vida de cada generación al respecto de la anterior, permitiendo a cualquier persona independientemente de su situación lograr las mismas oportunidades en una oda a la meritocracia.

Esta idea que hoy exaltan los partidos socialdemócratas es falsa y vende a los hijos de la clase trabajadora una fantasía que ven desinflarse en primera persona. La educación no es ajena a un sistema dividido en clases, y que reproduce las diferencias sociales en cada una de las etapas. Muestras de ello son la tasa de escolarización infantil, las desigualdades entre las escuelas e institutos de diferentes barrios o el desigual acceso a la Universidad o Formación Profesional para los hijos de la clase trabajadora.

La propia OCDE decía que “el ascensor social está averiado y no funciona, el nivel de educación no ayuda a mejorar la posición económica y esta sigue dependiendo del nivel de la familia”. La cuestión no es que esté averiado, sino su existencia en forma de mito para falsear las bondades de un sistema basado en la desigualdad.

El contraste entre la educación pública y la privada es un claro reflejo de esta situación. En el caso de la segunda existen ventajas que favorecen la continuidad de los estudios como son el menor ratio profesor alumno, mejor inversión tecnológica e infraestructural, así como por supuesto la posición económica favorable de la que parten los estudiantes que tienen acceso a este tipo de enseñanza.

Por otro lado, la educación pública, aquella destinada a la clase obrera, cuyo fin es el de instruir para ejercer un oficio al menor coste y tiempo posibles, que permita al estudiantado incorporarse con mayor rapidez al mercado laboral convirtiéndose en mano de obra con una cualificación suficiente para seguir manteniendo la rueda de la explotación bajo este sistema.

No basta sólo con señalar la infrafinanciación que recibe la educación pública, ni la solución a los problemas de la clase trabajadora viene tan sólo de la mano de un aumento presupuestario que como cualquier reforma puede ser eliminada ante una etapa de crisis. Debemos analizar el origen del problema de nuestro sistema educativo: su sumisión al sistema capitalista hace que la educación se someta al capital y sirva a sus beneficios, además de ser utilizado para transmitir la ideología de los diferentes sectores de la clase dominante, en lugar de crear una verdadera conciencia crítica y científica que sirva al progreso social.

Debemos organizarnos y luchar por otro sistema, donde la ganancia de los empresarios no sea el epicentro de la economía y la vida, y la clase obrera esté en el poder. Solo así la educación y el conocimiento estarán al servicio de los trabajadores. Conquistemos nuestro futuro, por una educación para la clase obrera.