Cerrar un año de desafíos para inaugurar otro de lucha

No sólo moveremos el mundo, construiremos uno nuevo.

El año 2020 ha sido uno de los años más duros para los trabajadores españoles desde 2008.

Desde el final de 2019 los datos del paro no han dejado un respiro como consecuencia de la gestión de la crisis sanitaria provocada por la COVID19.

Tras el temor al inicio consecuencia de los alarmantes datos en otros países la economía internacional comienza a resentirse debido a los cierres en China o las dudas en la contratación para nuevos pedidos o proyectos.

Hasta junio, el número de parados registrados no dejó de subir. Las medidas restrictivas en todos los países dejaron una rotura de cadenas completas de distribución y producción, provocando paradas forzosas de la actividad en casi todos los sectores.

La leve mejora en los datos en agosto y septiembre a consecuencia de la relajación de las restricciones a fin de salvar la temporada turística para los empresarios del sector servicios no fue más que una leve pausa que precedía a la nueva subida de noviembre, un mes en el que tradicionalmente se reduce debido a la contratación temporal a causa de la campaña navideña, que este año se daba en circunstancias de excepción.

Estos datos de paro registrado no tienen en cuenta la pérdida de empleos y por tanto salarios causada por la principal medida para amortiguar las consecuencias en lo laboral pactadas por sindicatos, patronal y gobierno: los ERTES. Si bien se vendía como una herramienta a priori práctica para evitar cierres masivos, EREs desmedidos y parones completos en muchos sectores de actividad, la burguesía se ha servido de ellos para sus propios beneficios.

Los ERTES fraudulentos, los convertidos en ERE y otros malos usos han sido una constante y han colocado a los trabajadores en una situación en la que si bien no cobraban su salario o al menos la totalidad del mismo en ocasiones debían presentarse a trabajar, sin respetar turnos pactados, o han visto rotos los compromisos de reincorporación tras las distintas prórrogas sufridas para la justificación de dichos ERTES.

En noviembre podíamos leer que el máximo número de trabajadores simultáneamente en ERTE había alcanzado los 2,66 millones, siendo el mínimo medio millón.

La inspección de trabajo ha encontrado al menos 15.000 de estos expedientes fraudulentos, llegando a investigar unos 30.000. Esto no es de extrañar ya que como sabemos en los ERTEs a causa de la pandemia las empresas se ahorraban el salario y la cotización a la seguridad social produciéndose de forma frecuente situaciones en las que los trabajadores se mantenían en ERTE a pesar de haberse incorporado al puesto de trabajo.

La acumulación de estos expedientes no ha terminado tras las prórrogas de junio y septiembre. No obstante, el cobro de los ERTEs se ha retrasado para muchos trabajadores, llegando a haber quienes no percibieron ningún ingreso durante meses allá donde no se logró forzar a las empresas a adelantar ese dinero.

Pese a las restricciones que se han aplicado no se han evitado rebrotes y nuevas olas de contagios, y es que, la mayoría de los trabajos continuaron en unas circunstancias u otras salvo las semanas de confinamiento total. En ellas se decretaron algunos sectores como esenciales que mantuvieron operativos durante todo el periodo. Nada se ha sabido de esa escala tras esas dos semanas. Nada salvo que todos los trabajadores debieron irse incorporando a sus puestos de trabajo con o sin medidas de seguridad implantadas en las empresas.

Las ayudas y exenciones de pagos sirvieron nada más que a las empresas para amortiguar el descenso de sus ganancias.

En esta crisis los trabajadores sanitarios que llevaban años sufriendo recortes de presupuesto, personal y medios no recibieron los refuerzos necesarios; se han multiplicado las horas extra y han visto sus vidas puestas en riesgo constantemente. Lo mismo para las trabajadoras de limpieza y personar auxiliar. Durante esta pandemia no descansaron en su labor, pero tampoco en sus reivindicaciones.

Tampoco lo han hecho el resto de los trabajadores organizados a lo largo y ancho del Estado. Este año lo recordaremos no sólo por ser el año de la pandemia, sino también por la lucha contra el cierre de los trabajadores de Nissan, Alcoa o Arcelor Mittal. Desde la huelga de los MIR hasta la de Hexcel se han luchado despidos y cierres, pedido recursos, reivindicado mejores, organización y futuro para los trabajadores.

Ha sido para muchos trabajadores un año de pérdida, de dificultades y de mucho dolor, pero también ha sido un año de lucha. Mientras en cada crisis las empresas reciben ayudas, subsidios, facilidades y salen siempre con las ganancias intactas o ligeramente mermadas, los trabajadores sólo reciben incertidumbre, paro, empeoramiento de las condiciones y horas y horas de trabajo con menos medios y mayor riesgo.

Las empresas se quejan por su pérdida de ganancias. Los trabajadores, obligados a cumplir con nuestros puestos en peores condiciones. Crisis sanitarias o económicas, la ecuación siempre en la misma: para que la burguesía gane o no pierda, perdemos los trabajadores.

Ante cualquier crisis, el gobierno, digno garante de quienes le sostienen, vela por las ganancias de la oligarquía financiera.

En cada crisis, los trabajadores paramos el golpe, este nuevo año y todos los que vienen, no sólo moveremos el mundo, construiremos uno nuevo.