A 55 años de la Gran Revolución Cultural Proletaria (fragmentos)

El siguiente texto son fragmentos del texto “A 55 años de la Gran Revolución Cultural Proletaria” publicado por el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores.. Puedes leerlo al completo en la biblioteca o directamente pinchando aquí.

Introducción

“La actual Gran revolución Cultural es sólo la primera y en el futuro habrá sin duda muchas otras. En la revolución el problema de quién vencerá a quién será resuelto en un largo período histórico. Si no se resuelven adecuadamente las cosas, en cualquier momento habrá posibilidad para una restauración capitalista”.

Este año se conmemoran 55 años del inicio de la Gran Revolución Cultural Proletaria China. Concretamente, el 8 de agosto de 1966 fue cuando se publicó la decisión del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria, más conocido como el documento de los 16 puntos.

En nuestro país la Revolución Cultural es algo poco conocido y poco estudiado. Cuesta encontrar análisis desde una óptica revolucionaria sobre la materia en cuestión, razón por la que se acaba recayendo en los análisis académicos burgueses, que, como no podía ser de otra forma, la tildan de lucha por el poder dentro del PCCh, caos, purgas… en vez de analizar el gran proceso revolucionario de masas que fue y la importancia que tuvo para el Movimiento Comunista Internacional.

Desde el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores queremos publicar este documento con motivo del 55º aniversario, para que todos los comunistas podamos conocer algo más este hecho fundamental en la historia de la humanidad, un proceso que debemos conocer y del que tenemos mucho que aprender.

Breve introducción a la historia moderna de la China

El Partido Comunista de China fue fundado en 1921 al amparo de la Internacional Comunista, fundó parte del nacimiento del comunismo a nivel mundial, y, en pocos años, fue capaz de liderar una Guerra Popular contra el Kuomintang, organizar la resistencia antijaponesa, y construir la República Popular en 1949.

La historia del Partido Comunista de China la podemos catalogar como la historia de las ideas y venidas, del desarrollo de las contradicciones a todos los niveles. La historia del PCCh nos enseña grandes ataques contra el Kuomintang, y a los pocos meses tener que realizar la Larga Marcha para poder sobrevivir a la reacción de Chiang Kai-Shek. Es la historia del partido que supo entender que la contradicción principal en el momento de la invasión de Japón no era seguir la Guerra contra el Kuomintang, sino aliarse con este formando el Frente Unido para combatir al invasor, para una vez derrotado el Japón, volver a lanzarse a la ofensiva por el triunfo de la causa revolucionaria.

Estudiar la historia del Partido Comunista de China es fundamental para los revolucionarios, ya que nos demuestra que ningún partido está jamás a salvo de las derivas derechistas o revisionistas. También nos enseña que una deriva puntual puede ser corregida si el partido se moviliza para hacerle frente. Y, especialmente, nos enseña la importancia del papel de las masas en todo proceso.

La Gran Revolución Cultural Proletaria de China no puede catalogarse nunca como algo que solo incumbía al Partido Comunista de China, sino que fue la lucha de las amplias masas populares por derrocar el revisionismo instaurado en el poder y hacer avanzar al país hacia el comunismo destruyendo las viejas ideas que aún pervivían en la sociedad china.

Debemos conocer que, una vez alcanzada la victoria militar en 1949, el Partido Comunista de China tuvo que hacer frente a muchos problemas, varios de índole interna, pero otros por la situación del país. China se encontraba sumida en la más absoluta pobreza, la invasión de Japón y los años de guerra contra el Kuomintang había dejado un país desolado. Para hacer frente a esta situación se movilizó a las masas, además de contar con la ayuda de la Unión Soviética, todavía dirigida por el camarada Stalin.

Esta no es una cuestión baladí, y es que, una vez muerto Stalin e iniciado el proceso de degeneración del PCUS, con Nikita Jruschov a la cabeza, el PCCh fue de los primeros en plantar cara al que había sido la cabeza del Movimiento Comunista Internacional, el todopoderoso PCUS. La posición fue endureciéndose desde el XXº hasta el XXIIº Congreso, momento de la ruptura total de relaciones. Su posición no fue de ruptura inicial, sino un proceso de intentar restaurar la línea revolucionaria en el PCUS, hasta que, viendo que el proceso era irreversible, rompieron toda relación en 1961.

Debido a esto, la Unión Soviética retiró toda ayuda a China, por lo que el proceso de modernización e industrialización de China se tuvo que hacer con las propias fuerzas del pueblo chino. En ese momento se lanzó la política de “rojos y expertos”, es decir, cuadros técnicos que también fuesen comunistas y recibiesen una formación ideológica.

El Gran Salto Adelante tiene lugar en estos años. Fue un ingente programa de modernización de china que combinó las comunas en el campo con el desarrollo industrial, todo bajo la dirección de las masas, que motivadas por el proceso revolucionario que se estaba viviendo, se lanzaron en masa a trabajar por su país.

La línea de derecha del PCCh aprovechó que los resultados no fueron los esperados para dar un golpe de timón e intentar introducir medidas liberalizadoras similares a las que estaba planteando Jruschov en la Unión Soviética. Personajes como Liu Shiao Shi, conocido como el Jruschov Chino, o Deng Xiaoping, fueron los que capitanearon este giro dentro del Partido.

El ala de izquierda, representada por Mao Tse Tung, no aceptó la derrota temporal, y trabajó por desarrollar una línea revolucionaria que hiciese volver al PCCh a las políticas correctas. Contaba con destacados comunistas como Jian Qing, Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen, que más tarde formarían la conocida como Banda de los Cuatro.

En este punto de la historia de China y de su Partido Comunista nos encontramos cuando estalla la Revolución Cultural, aunque su inicio y desarrollo lo explicaremos más adelante.

Las masas son las que hacen la historia

En todo proceso revolucionario los comunistas tienen que prestar especial atención a su línea de masas. Como expuso Mao Tse Tung: “una minoría con una línea revolucionaria correcta ya no es una minoría”. Esto es fundamental. Actuar de forma alterna o soberbia frente a las masas, o creernos los sabios por el mero hecho de definirnos comunistas es una actitud que debemos desterrar.

La Revolución Cultural es, especialmente, la máxima expresión de la línea de masas, del poder de las masas. Representa la lucha de las masas de China por avanzar en la construcción del socialismo y avanzar hacia el comunismo. Representa la lucha por acabar con las viejas ideas y construir las nuevas. Es la lucha por el triunfo definitivo del comunismo.

La Gran Revolución Cultural Proletaria de China, al igual que todo proceso revolucionario, atravesó varias fases, desde una primera revolución estudiantil limitada (inicialmente) a las instituciones universitarias, otra etapa en que se extendió a la educación de toda China, una nueva en la que se generaron grupos de jóvenes estudiantes y trabajadores revolucionarios, y así acabó llegando a todas las ciudades, industria, campo… hasta estar en todos los lugares de China.

Al igual que en la reforma agraria, que no tuvo efecto hasta que los campesinos iniciaron las acciones, la Revolución Cultural no se expandió hasta que los estudiantes, obreros y campesinos se rebelaron, formaron alianzas contra los defensores individuales de la vía capitalista, los derrocaron, y establecieron nuevos órganos de poder. Es esta tremenda movilización producida en la base de la sociedad la crucial en cualquier revolución socialista y la que distingue de un golpe, de una elección parlamentaria u otras formas reformistas o burguesas de hacer política.

China se encontraba en una posición delicada, y es que los dirigentes del PCCh en ese momento, Liu Shiao Shi y Deng Xiaoping estaban volviendo a la vía capitalista. Solo las masas podían luchar por avanzar en la vía revolucionaria, como defendía la línea de Mao Tse Tung.

La Revolución Cultural dio inicio en 1966, cuando estudiantes de la Universidad de Pekín se movilizaron contra el sistema educativo que existía en la universidad china. Pese a que la Revolución China marchaba, el sistema educativo se mantenía prácticamente intacto desde los años del Kuomintang. Era un sistema elitista: los métodos de examen, el trabajo durante el curso, la ideología y los métodos educativos de los profesores se encaminaban todos a preparar a unos cuantos escogidos para que heredasen el poder del país y dirigieran sus asuntos, marginando a la clase obrera. Se favorecía y promocionaba a los hijos e hijas de la burguesía de zonas como Shanghai y Tientsin. Se establecían discriminaciones y se suspendía a los estudiantes obreros y campesinos, que además de estudiar tenían que trabajar. Cuando los estudiantes se organizaban para criticar estas cuestiones, Lu Ping (Rector de la Universidad de Pekín) los reprimía. Cansados de esta situación, en junio de 1966, los estudiantes se hartaron e iniciaron un potente movimiento revolucionario que pedía el cese inmediato de Lu Ping, así como acabar con el modelo universitario.

Mao Tse Tung dio un rápido apoyo a este movimiento estudiantil, ya que consideraba que sus demandas eran justas y seguían en la línea de defensa del socialismo, además de ser una expresión de la lucha de clases dentro del socialismo. Con el apoyo público de Mao Tse Tung, el movimiento estudiantil rápidamente se masificó y alcanzó cotas de movilización totalmente inesperadas.

La reacción del ala derecha fue la que tiene toda línea conservadora frente a las masas. Liu Shiao Shi mandó a equipos de trabajo del Partido para que controlasen el movimiento.

Estos equipos llegaron con lemas muy militantes y radicales como “Llevemos hasta el final la Revolución Cultural” y “Arranquemos y destruyamos la ideología burguesa”, pero en la práctica cambiaron los blancos de ataque del gobierno de la universidad por el de la facultad y el cuerpo estudiantil como un todo, tergiversando así sus demandas. Los equipos de trabajo dijeron a las masas estudiantiles que había entre ellas “burgueses reaccionarios a los que debían desenmascarar”. Organizaron grupos para una autocrítica mutua y los llevaron a reunirse en sesiones prolongadas para la práctica del autoanálisis. El resultado objetivo de estas directrices fue el de eliminar la presión ejercida sobre los dirigentes y poner a los estudiantes a atacarse entre sí, en busca de un enemigo que no existía o era de importancia secundaria.

En la amplia y abierta discusión y campaña de carteles que siguió, se tachó de contrarrevolucionaria a la gente que criticaba a los dirigentes y a la política del Partido Comunista (dirigido por Liu Shiao Shi y Deng Xiaoping), sometiéndolos a arrestos y reprimiéndolos. Los estudiantes tardaron un tiempo en ver con claridad lo que estaba pasando. Se unieron contra los equipos y, finalmente, llevaron a cabo una investigación para descubrir el porqué de la llegada, en primer lugar, de los equipos de trabajo, y quién los había enviado y con qué fines. Esta investigación desde abajo, hecha por los estudiantes, fue la primera que expuso a Liu Shao Shi la crítica abierta de las masas.

Esta forma de actuar era la norma en Liu Shiao Shi. Cuando tuvo lugar el Movimiento de Educación Socialista del Campo, en 1963, él mismo trató de desviar la crítica de las masas practicada a los cuadros derechistas de la misma forma. Las directrices del Partido apelaban a la gran mayoría del pueblo y de los dirigentes para que desenmascarasen al “puñado de personas con autoridad que emprenden la vía capitalista en el campo”. Liu Shiao Shi volvió el ataque interno contra los dirigentes de la base, apartando así la crítica de los verdaderos elementos peligrosos.

La decisión del Comité Central de agosto de 1966 sobre la Revolución Cultural ayudó a encarrilar nuevamente el movimiento, concentrando los disparos donde precisaba, sobre “aquellos con posiciones de autoridad que emprenden la vía capitalista”.

Esta forma de actuar del PCCh, de confiar siempre en las masas y hacerlas los elementos decisivos no era nueva. Ya en 1948, el Partido Comunista dio a las masas la potestad de crítica y supervisión al trabajo de los dirigentes del Partido. El Partido puso la suerte de los cuadros y la revolución en manos de la Liga de Campesinos Pobres y Asalariados. En las reuniones abiertas de esta Liga, a las que concurrían a veces delegados por la base, otras todos los miembros de la Liga, se sometían a revisión las trayectorias políticas de los dirigentes comunistas en el poder y la política que habían seguido.

Sobre el trabajo de los dirigentes, las masas llegaron a la conclusión de que la mayoría de ellos eran revolucionarios, aunque tenían faltas (y algunas de ellas graves), pero estas podían corregirse. En cuanto a su política, no apreciaban con claridad dónde residía el error, pero el caso es que la rechazaron en la práctica al dejar de acudir a las reuniones y esfumándose para ir a trabajar la tierra cuando se les requería para intervenir en la discusión. Se percataron muy pronto de lo que los cuadros de los equipos de trabajo sólo más tarde llegaron a entender, que la reforma agraria había concluido a todos los efectos. Una y mil veces Mao Tse Tung dijo al Partido que “los ojos de las masas no están empañados”. Dándole al pueblo la oportunidad de controlar su propio destino y el del socialismo en China.

En el desarrollo de la Revolución Cultural, Mao Tse Tung hizo el mismo planteamiento que con la Liga, si bien más intrépida todavía. En un momento de crisis verdadera, existiendo dos cuarteles generales dentro del Partido Comunista, que abogaban por dos líneas diferentes, dos vías diferentes, Mao Tse Tung dio la solución al pueblo entero del país: “Fuego sobre los cuarteles generales” instaba en uno de los carteles de gruesos caracteres más breves escritos jamás.

El primer afiche marxista-leninista de grandes caracteres de China y el artículo del comentador del mismo en Renmin Ribao (Diario del Pueblo) están verdaderamente escritos en forma magistral. Por favor, camaradas: vuelvan a leerlo. Porque en los últimos cincuenta días algunos camaradas importantes, desde los niveles centrales hasta los locales han actuado en forma diametralmente opuesta. Tomando la posición reaccionaria de la burguesía, impusieron una dictadura burguesa y sofocaron el movimiento naciente de la Gran Revolución Cultural del Proletariado. Alteraron el significado de los hechos y confundieron el blanco con el negro, englobaron y suprimieron a los revolucionarios apagando aquellas opiniones contrarias a las suyas, impusieron el terror blanco y se quedaron sumamente conformes con su propia actuación.

Inflaron de soberbia a la burguesía y hundieron el ánimo del proletariado.

¡Esto es un veneno insoportable!

Cuando estamos frente a un hecho similar a la desviación derechista de 1962 y a la tendencia equivocada de 1954, “izquierdista en la forma pero derechista en esencia”, ¿no es esto suficiente para estar en pie de alerta?” (Mao Tse Tung. Fuego sobre los cuarteles generales. 1966)

La llamada a las masas de Mao Tse Tung contribuyó a que se desencadenara una tormenta política tremenda en China, se dieron manifestaciones y contramanifestaciones, huelgas y contrahuelgas, sentadas y contrasentadas, organización y contraorganización, carteles y contracarteles. Un caos revolucionario se produjo en ciertos lugares, exactamente igual que los primeros días del movimiento de la reforma agraria, pero el caos temporal era un precio a pagar por el salto político que se dio al entrar cientos de millones de personas en la arena de la política revolucionaria. Huelga decir que el mundo nunca había sido testigo de nada similar a esta movilización de masas.

Conforme se iba avanzando, conforme se fusionaban organizaciones revolucionarias y se consolidaban en las escuelas, fábricas, municipios y comunas, sometían a los que habían defendido vías capitalistas, y reformaban a los que no habían emprendido del todo esa vía y eligieron a quienes defendían la vía socialista como los nuevos dirigentes, para luego estar alerta y volver a elegir si era necesario.

Sin este movimiento de masas nunca se habría conseguido nada y la Revolución Cultural no hubiese sido lo que fue. El problema no consistía simplemente en triunfar sobre la línea de derecha, sino en desarraigar viejos hábitos, viejas costumbres, y vieja ideología, que generan de modo inevitable abusos y degeneración, y en sustituirlas por hábitos nuevos, nuevas costumbres y una ideología nueva.

La Revolución Cultural puede interpretarse, por consiguiente, como movimiento de rectificación del Partido y, al igual que los demás, lo dirigió el Partido desde el principio, pero apoyado siempre en la acción de las masas. En todo momento estuvo al frente el Partido Comunista, su Comité Central, el grupo de la Revolución Cultural del Comité Central y el presidente del Partido, el Presidente Mao Tse Tung. Su mando no se ejerció a través de equipos de trabajo enviados por Comités dirigentes, como si intentó Liu Shiao Shi. Sino, primordialmente, por medio de directrices públicas, intervención de los mandos del ejército, a su vez dirigidos por el Partido, y participación de los cuadros revolucionarios del Partido en los niveles inferiores.

Los nuevos Comités, que se hicieron con el poder del Estado a todos los niveles, son productos de una alianza de tres vías entre representantes de las organizaciones de masas, delegados del ejército y cuadros revolucionarios activos del Partido. La fuerza de unión es en todas partes el Partido, y lejos de haberse quebrado, se ha fortalecido. Cuando en el curso de la Revolución Cultural cuadros dirigentes fueron sometidos a agudas críticas y ataques por parte de las masas, aparecieron como miembros de la nueva alianza de tres vías, la prensa capitalista gritó inmediatamente que la Revolución Cultural había fracasado, que al fin y al cabo no se había destruido el Partido Comunista, que Mao Tse Tung y sus partidarios habían sido derrotados y habían tenido que hacer un trato con la oposición. No entendían nada. Se ignoraba y deformaba el principio chino “cura la enfermedad, salva al paciente”, que fue claramente establecido como el objetivo del movimiento desde el principio. Se perdonaron graves errores incluso delitos si el dirigente en cuestión se resolvía por reformarse y demostraba esto mediante una acción concreta. Mao Tse Tung fijó este principio para unir a los dirigentes con las masas, para así desenmascarar y sustituir a una minoría de dirigentes que vivían aislados de estas y que no podían ser reconducidos.

Esta forma de trabajar con las masas fue duramente criticada por el revisionismo soviético y sus satélites. Estos se unieron a la prensa burguesa en sus afirmaciones de que al dejar que decidieran las masas, estas habían destruido al Partido Comunista, y que ahora la nueva dirigencia era la Guardia Roja. Esta forma de tratar a las masas, como meros espectadores o marionetas en un proceso revolucionario no es algo que haya muerto en el Movimiento Comunista. Como explicó Mao Tse Tung: “El pueblo y sólo el pueblo es la fuerza motriz que crea la historia. Las masas son los héroes reales, mientras que nosotros solemos ser infantiles e ignorantes. Sin esta convicción es imposible adquirir ni siquiera la comprensión más elemental”.

Podemos reducir esta cuestión de la siguiente forma: si para corregir y controlar el desarrollo socialista y la dirección del Partido no se puede confiar en las masas, ¿en quién hacerlo?

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