25N: Contra la violencia machista, construyamos un mundo nuevo

Nuestro cuerpo, nuestra vida, nuestra clase, nuestra lucha.

En lo que va de año más de 40 mujeres han sido asesinadas –según las cifras oficiales- en el Estado Español, víctimas de violencia machista. Se han producido 75.000 denuncias de agresiones y 57.000 llamadas al 016.

Estas cifras, que no contemplan siquiera la violencia que se ejerce fuera de una relación sentimental sólo son una de las múltiples muestras de violencia: agresiones sexuales, intimidación, el dominio en las relaciones de pareja, la violencia económica, la reproducción del ideario misógino o la interiorización de conductas machistas…

La violencia física interpersonal es uno de los pilares y medios fundamentales en las relaciones opresivas entre géneros, que sostienen y perpetúan la desigualdad y dominación de las mujeres. Este ejercicio de la violencia es de los más elevados en la sociedad española y se ejerce contra las mujeres por su condición dentro de un sistema discriminatorio.

Los años de la pandemia han acentuado en muchos casos la situación de maltrato de muchas mujeres en el seno del hogar debido al confinamiento -en el mes de junio las llamadas al 016 han incrementado un 43 % respecto al anterior año-, aumentó la repercusión de las plataformas de contenido pornográfico como Only Fans y se recrudecieron las condiciones de las mujeres prostituidas que por un lado han tenido que convivir con sus proxenetas, han visto agravada su situación económica y se han visto expuestas a un mayor nivel de peligro en una situación límite en circunstancias de miseria y violencia.

La violencia machista tiene muchas expresiones, y no podemos entenderla sin atender al componente de clase. La situación económica de muchas mujeres obreras las hace económicamente dependientes siendo más propensas a convertirse en víctimas de la violencia machista, sin capacidad de escapar de una situación límite por su dificultad para subsistir, sin recursos a su alcance para reconocer dicha violencia o salir de ella. Del mismo modo ocurre a la hora de enfrentar el acoso en otros entornos como el laboral.

El capitalismo se beneficia de la gratuidad de la reproducción de la fuerza de trabajo históricamente ejercida por las mujeres que se han dedicado a tiempo parcial o completo al trabajo doméstico.

Las mujeres de clase obrera no nos conformamos con acomodar un sistema que tiene en su ADN nuestra explotación y la de nuestra clase; elegimos hablar en nuestro propio nombre y combatirlo.

A pesar de que el Estado burgués haga ademanes de tratar de paliar la violencia machista vemos que las mejoras legales arrancadas por el movimiento femenino de masas acaban siendo papel mojado en muchos casos. El modo de producción capitalista no deja de someter doblemente a las obreras, y el Estado no es más que un representante de la clase dominante que se beneficia de la desigualdad que sufren las mujeres.

Debemos organizarnos para acabar con la violencia machista y con el sistema que le da amparo. Acabar con el capitalismo para lograr una emancipación real de las mujeres trabajadoras.

Necesitamos acabar con la violencia machista, el sistema que la perpetúa y todas las formas de explotación que padecemos las mujeres obreras.