100 años de la fundación del Partido Comunista de España: del Partido de Vanguardia a la podredumbre ideológica (fragmentos)

El siguiente texto son fragmentos del texto “100 años de la fundación del Partido Comunista de España: del Partido de Vanguardia a la podredumbre ideológica” publicado por el Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores. Puedes leerlo al completo en la biblioteca o directamente pinchando aquí.

Introducción

Este 14 de noviembre de 2021 se cumple el primer centenario del Congreso de Unificación de las dos organizaciones comunistas españolas que dieron lugar al Partido Comunista de España. Este PCE nació bajo el amparo y la guía de la Internacional Comunista, una herramienta fundamental impulsada por el Partido Bolchevique tras el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia en 1917.

Como ya planteaba V. I. Lenin, el desarrollo de los Partidos Comunistas era un fenómeno nacional e internacional, nacional porqué estas organizaciones se desarrollaban sobre la base material del país y actuaban en las condiciones concretas de este, pero internacional porque respondía al desarrollo del comunismo a nivel mundial tras el triunfo revolucionario en Rusia, y porque no se podía separar jamás de la lucha de clases internacional y del desarrollo de la revolución mundial.

Pero en el presente momento histórico se trata precisamente de que el ejemplo ruso muestra a todos los países algo, y algo muy sustancial, de su futuro próximo e inevitable. Los obreros avanzados de todos los países hace ya tiempo que lo han comprendido y, más que comprenderlo, lo han percibido, lo han sentido con su instinto de 30 clase revolucionaria. De aquí la “importancia” internacional (en el sentido estrecho de la palabra) del poder soviético y de los fundamentos de la teoría y la táctica bolcheviques.” (V. I. Lenin. La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo)

En esta lógica, el PCE fue cambiando de estrategia y de línea conforme lo hacía la Internacional Comunista, aun con los múltiples errores que el PCE cometió, debemos tener en cuenta que, hasta 1943, el PCE fue una Sección de la Internacional. Las actuaciones de Manuilski, los debates con el Buró Político del PC (b) de la URSS sobre las causas de la derrota en la Guerra, la supervisión de los dirigentes de la Internacional sobre el Comité Central del PCE y los grandes debates, dan una clara visión del papel de la Internacional respecto al trabajo de sus Secciones Nacionales.

Y es que, como prueba de que los Partidos Comunistas no son entes ajenos a la contradicción y a la realidad material en la que se mueven, el PCE también se vio afectado por la deriva revisionista en el Movimiento Comunista Internacional. El XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética fue un punto fundamental en la historia del comunismo mundial, pero también tuvo su consecuencias en los Partido Comunistas. Basta con ver como una gran cantidad de organizaciones se sumaron al discurso revisionista y rastrero de Nikita Jruschov contra I. V. Stalin, que fue el escaparate sobre el que se renunció a la dictadura del proletariado y se asumió la transición pacífica al socialismo. El PCE, como decíamos, no fue ajeno a estas cuestiones, y muy rápido asumió las posiciones de la nueva dirigencia revisionista soviética.

La ruptura generada en el Movimiento Comunista Internacional, entre aquellos que seguían defendiendo la vía revolucionaria, y que tuvieron como máximo exponente al Partido Comunista de China y a Mao Tse Tung, también tuvo su efecto en el Estado español. En pocos años, del PCE salieron multitud de organizaciones que se oponían a la deriva revisionista de este. La mayoría de estas organizaciones eran honestas en su crítica al revisionismo y en mantener la vía revolucionaria, pero, en la mayoría de casos, no tenían tampoco una línea clara, lo que acabó siendo su condena. Hablamos de organizaciones como el PCE (m-l), la OMLE, UPG, PCE (i), OCE (BR)…

La muerte de Franco y la Transición pese a que catapultaron al PCE (ya definido como un Partido de masas) a ser un partido de cientos de miles de afiliados, solo aceleró su propia autodestrucción al renunciar a lo poco que le quedaba para definirse como comunista bajo la excusa de un futuro auge electoral que nunca llegó. La renuncia al marxismo-leninismo, el triunfo de las posiciones eurocomunistas, y una mezcla de federalismo (en el que se toleraban las fracciones de facto) y autoritarismo de Santiago Carrillo como Secretario General, fueron las factores que llevaron al PCE a una crisis de la que todavía no ha salido.

La degeneración política del PCE se inició con Dolores Ibárruri (Pasionaria), siguió con Santiago Carrillo, y tuvo en Gerardo Iglesias y Julio Anguita a sus máximos exponentes al convertir al PCE en una organización amorfa sin una organización ni línea clara y siempre sometida a Izquierda Unida.

Lo que actualmente entendemos por el PCE, una organización sumida en una podredumbre ideológica que lo lleva a posiciones tan absurdas como la defensa de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por Secretario General o a decir que el marxismo-leninismo es: “la doctrina política construida por los marxistas para conquistar el poder político accediendo a las instituciones propias del capitalismo, para transformarlas en instituciones socialistas insertas en un modelo alternativo de nuevo Estado proletario (también en palabras de su Secretario General, Enrique Santiago).

Si bien es un hecho material innegable que orgánicamente el PCE de 1921 es el mismo que el de 2021, también es innegable que existe una ruptura política entre el PCE revolucionario que organizó un Ejército en la Guerra y que organizó la Guerrilla en los primeros años del franquismo, con el PCE actual que forma parte de un Gobierno socialdemócrata con ministerios y vicepresidencias. De la misma forma que existe una ruptura entre el Partido Comunista de China de Mao Tse Tung y el de Xi Jinping, o la que existió en el Partido Comunista de la Unión Soviética dirigido por I. V. Stalin y el dirigido por Nikita Jruschov. Son y fueron organizaciones antagónicas.

La reconstrucción del Partido Comunista en el Estado español es la tarea estratégica actual de los comunistas en nuestro país. La reconstrucción no es, en ningún caso, una tarea organizativa, sino una tarea profundamente ideológica. Solo un Partido guiado con la correcta teoría revolucionaria y que asume el papel de las masas podrá ser el Partido de vanguardia.

El Partido (marxista-leninista) de los Trabajadores nos reivindicamos de la mejor herencia y tradición revolucionaria de nuestra clase obrera y del que fue su Partido de vanguardia. Asumimos el llamado histórico de reconstruir el Partido Comunista en nuestro país a la luz de las experiencias revolucionarias. Seguimos el sendero de la revolución y del socialismo, que va unido inexorablemente, y en primer lugar, a la reconstrucción de la organización revolucionaria de la clase obrera española.

En este primer centenario de la fundación del PCE queremos hacer público nuestro análisis y posición sobre como un gran Partido Comunista pasó de ser la vanguardia a ser la organización más desviada de todas aquellas que se reclaman del comunismo en nuestro país. Pretendemos dar un poco de luz y que nuestro análisis sirva para seguir avanzando en la línea justa, y fomentando la lucha de dos líneas dentro del Movimiento Comunista Español, ya que es la única forma en la que se podrá avanzar para cumplir todos nuestros objetivos.

La Segunda República, el PCE y el IV Congreso

Con la proclamación de la República por parte del “Comité Revolucionario”, el Estado español daba un paso adelante en las libertades democraticoburguesas. El PCE había pasado ocho de sus diez años de vida en clandestinidad y sufriendo una fuerte represión.

A pesar de que el PCE analizaba que la República era un paso hacia adelante en la revolución democrática que el Estado español necesitaba, también entendía que una República dirigida por la burguesía no iba a llevar adelante los cambios necesarios ni iba a suponer una Nueva Democracia hacia el socialismo que el PCE defendía. Teniendo esta cuestión clara, podemos afirmar que fue un error terrible de sectarismo e izquierdismo salir el 14 de abril a repartir panfletos con el lema “Abajo la república burguesa, vivan los soviets”. El lema podría ser correcto, pero suponía alejarse de las masas y encerrarse en una posición alejada de las mismas. La República no era socialista, pero era más avanzada que el régimen anterior y las masas así lo veían, por eso fue errónea esa acción. Sin embargo, desde nuestro Partido tenemos claro que la Segunda República fue progresista en su momento, pero no es algo que debamos reivindicar en abstracto hoy en día ni defender que fue casi socialista. Fue una república burguesa que obedeció a los intereses de la burguesía de su época.

El periodo que transcurre en este tiempo, desde la proclamación de la República hasta la llegada a la Secretaría General del sevillano José Díaz es un tiempo de oportunismo y vaivenes en el PCE. A pesar de que la Internacional había dado directrices claras sobre cómo trabajar, el Comité Central se encontraba en un impás entre lo viejo y lo nuevo. La lucha de dos líneas a todos los niveles era evidente, pero era en el Comité Central, que siempre es el centro de la lucha de dos líneas, donde esta estaba más desarrollada.

El Partido Comunista había desarrollado un programa para el avance de la República, este programa tenía varios ejes fundamentales:

  • Romper con la herencia feudal sobre la tierra que suponía el latifundismo (en Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha), las formas medievales de arriendo y en cargas (en Galicia, Asturias y Castilla y León), el condominio (en la zona de Euskal Herria) y la rabassa morta (en Catalunya). Por ello la reforma agraria era un paso fundamental para la revolución democrática.
  • Derecho de autodeterminación para las naciones del Estado, pudiendo conllevar la separación del Estado.
  • Resolver la relación del Estado con la Iglesia Católica, estableciendo la creencia de cultos y el carácter laico del Estado.
  • Reorganización del aparato estatal, especialmente de un Ejército desfasado y que seguía manteniendo su carácter y su herencia colonial. El Ejército estaba sobredimensionado, contando con 23.000 oficiales para poco más de 80.000 hombres de tropa.

Además, en estos años tuvo lugar una importante lucha de masas en la que el Partido fue forjándose y que fue el punto clave para el viraje, demostrando así el carácter de las masas en todo momento.

En 1931 tuvo lugar una importante lucha obrera en la zona de Sevilla, funcionando un Frente Unido entre comunistas y anarquistas. Este conflicto desembocó en huelga después de la brutal represión y el ataque a la Casa Cornelio, lugar de reunión de los comunistas sevillanos al aplicar la Ley de Fugas. A esta importante lucha le siguieron las luchas de Granada, con una huelga general; en Asturias, con tres huelgas en la minería; València, con la lucha de los metalúrgicos; Salamanca, con la lucha rural en cientos de pueblos de su provincia…

Esta lucha proletaria también tuvo una reacción en el movimiento campesino, donde la revolución agraria fue rápidamente asumida por estos y de gran magnitud. En Extremadura y Andalucía se produjo un importante movimiento de ocupación de tierras, dándose entre enero y marzo de 1933 más de 300 ocupaciones de fincas.

El Gobierno de la República, demostrando su carácter burgués, respondió con la Ley de Defensa de la República, con la que se produjeron auténticas matanzas (como en Casas Viejas) y la represión alcanzó cotas de la dictadura primorriverista.

Esta era la situación del Estado español cuando se celebró el IV Congreso del PCE, en marzo de 1932.

Se ha venido a considerar este Congreso como histórico por el importante viraje que supuso en las posiciones del PCE, cosa que fue totalmente cierta, contando también con el apoyo de la Internacional Comunista.

La realidad había cambiado totalmente desde la celebración del III Congreso. Se había pasado del objetivo de acabar con la dictadura a tener que desarrollar la revolución nacional democrática en un contexto totalmente diferente.

El Congreso tuvo un largo debate sobre los métodos de trabajo de la dirección del Partido, que habían sido oportunistas y sectarios, lo que había imposibilitado un trabajo unitario del Partido y se había dado un desarrollo desigual del trabajo de masas. El PCE debía combatir la influencia del anarquismo y del reformismo en el movimiento obrero, pero la política del Buró Político sólo había hecho que alejarse de la realidad.

Las resoluciones y debates del IV Congreso fueron claras: se condenaba la actitud sectaria de su dirección, cuyo máximo exponente era José Bullejos, y se apostaba por volcar al Partido en el trabajo de masas, apostando de forma decidida por su bolchevización.

La cuestión de la bolchevización no era algo baladí, y es que este había sido un largo tema debatido entre las direcciones española y de la Internacional Comunista. Manuilski, como dirigente de la Internacional, había mandado muchas cartas a la dirección del PCE exponiendo los errores de este y como debían corregirlos, por contra, la dirección del PCE respondía con argumentos poco o nada elaborados y sin base material. Para más inri, las cartas fueron ocultadas al Partido. Las relaciones entre el PCE y la Internacional pasaban por su peor momento debido a la actitud de los dirigentes españoles.

El Congreso acabó por definir la actuación del Buró Político como “sectario-oportunista”. Se consideró que la dirección tenía una falta de madurez teórica y un bajo nivel ideológico, con lo que las ideas ajenas al marxismo-leninismo penetraban sin problema ni oposición.

Si bien el IVº Congreso mantuvo a la dirección, a los pocos meses la situación se volvió insostenible al no aplicar los acuerdos del Congreso. La intervención clara de la Internacional Comunista fue decisiva a la hora de expulsar al grupo dirigente y promover un nuevo Buró Político, esta vez ya, con José Díaz a la cabeza como Secretario General del Partido Comunista de España.

A partir de este momento se produjo un viraje total hacia la política de masas, que no estuvo exenta de errores, pero que sí contaba con una gran supervisión y apoyo de la Internacional Comunista, y que era fruto del trabajo honesto y no del sectarismo y la prepotencia.

El triunfo de las tesis revisionistas en el PCE

Como hemos comentado, el culmen del triunfo del revisionismo en el PCE se produce en 1956 con la política de la “Reconciliación Nacional”. La premisa de esta política es que la guerra civil había dejado derrotada y dividida a las masas del Estado español, que debían unirse para restablecer un régimen democrático-burgués a partir de un frente amplio. Con esto abandonan abiertamente la línea revolucionaria y buscan la consecución de su estrategia a partir de la “acción pacífica de las masas”, y de hecho, la libre concurrencia electoral y los cánones de la democracia burguesa. Con esta nueva estrategia, de facto, renuncian también a la revolución. Por ejemplo, se afirmaba: ‘’La norma de conducta debe ser, para unos y otros, el respeto a la legalidad democrática; el compromiso de no recurrir a la guerra civil ni a las violencias físicas, para dirimir las diferencias político-sociales; el respeto a la voluntad popular expresada regularmente en elecciones libres’’ (Declaración del PCE por la reconciliación nacional, por una solución pacífica del problema español. 1956).

Aprovechando el XXº Congreso, en agosto de ese mismo año tuvo lugar un Pleno del Comité Central que estudió a fondo la nueva posición de la dirigencia soviética en base a los planteamientos de Jruschov. El Pleno hizo suya la crítica al camarada Stalin y Dolores Ibárruri presentó un informe conjunto con Santiago Carrillo en el que se decía que el PCE estaba funcionando en base al “ordeno y mando”, fomentado por el culto a la personalidad y del sectarismo de Stalin y que era necesaria reestablecer la dirección colectivo y dar más peso al Comité Central. No deja de resultar absurda esta cuestión cuando el PCE era un partido clandestino y duramente perseguido con un Comité Central que no podía reunirse lo suficiente como marcar línea, y por ello era lógico que el peso recayese en el Buró Político. Esta jugada del dúo Ibárruri – Carrillo se genera al no tener el control total del Buró Político y para evitar que no se tomasen las decisiones que ellos defendían.

El año 1957 tuvo se inició con el boicot al tranvía en Barcelona ante la subida de las tarifas. El PCE consideró que esta era una medida pacífica muy positiva y decidió copiarla en Madrid, donde no se habían subido las tarifas. El III Pleno del Comité Central, reunido ese año, decidió promover una Jornada de Reconciliación Nacional, que partía de expandir a todo el territorio las acciones que se estaban realizando a nivel local, para así demostrar el descontento de las masas. De esta forma la definió el propio PCE:

El Partido la concebía como la culminación de una serie de pequeñas y grandes acciones, como la obra de miles de organizadores y agitadores de todas las clases sociales, de todas las ideologías y partidos antifranquistas; como la coincidencia de católicos, monárquicos, liberales, republicanos, nacionalistas, socialistas, cenetistas y comunistas. Dada la imposibilidad de manifestarse en España por medio del sufragio ciudadano, la Jornada podría ser, en el concepto del Partido, un plebiscito nacional, una advertencia pacífica a quienes se obstinaban en hacer oídos sordos al malestar de la nación.”

La acción, que se llevó a cabo en 1958 fue catalogada como un éxito por el Buró Político, mientras la militancia del interior la vio como una fracaso, y es que, más allá de algún reparto de octavillas y mucha represión, la Jornada no consiguió nada. Lo mismo sucedió con la Huelga General Pacífica de 1959. Todo ello seguía una estrategia vinculada con el derrumbamiento del Franquismo por medios pacíficos, que buscaba el siguiente objetivo según el propio Santiago Carrillo: ‘’Para nosotros, la vía pacífica no es un traspaso de poderes de Franco a don Juan, no es una permuta entre un equipo político de la oligarquía y otro. (…) Lo que entendemos por vía pacífica es la lucha huelguística de las masas y las manifestaciones de calle, culminando en la Huelga Nacional’’ (Informe de Santiago Carrillo al III Pleno del Comité Central del PCE, 1961).

A su vez, esta acción de masas buscaba la complicidad de otros sectores, incluyendo pequeña y media burguesía, fuerzas políticas como los democristianos, monárquicos, etc., e incluso las fuerzas armadas, que entendían como fragmentadas o con tensiones respecto al liderazgo de Francisco Franco.

En estos años también inició la intervención del PCE entre el movimiento estudiantil, hasta ese momento inactivo o copado por falangistas. Se dieron ciertas protestas estudiantiles, especialmente a partir del año 1956, y en los años posteriores se crearon sindicatos estudiantiles clandestinos como la Federación Universitaria Democrática de Estudiantes (FUDE). A su vez, vinculado con este ámbito, el PCE captó una cantidad considerable de intelectuales, y algunos de ellos ganaron relevancia progresivamente en el seno del partido (por ejemplo, Ramón Tamames).

En 1960 se celebrará el VIº Congreso del Partido en Praga en el que Santiago Carrillo será elegido como su Secretario General y Dolores Ibárruri pasará a ser la Presidenta del PCE. La llegada de Carrillo a la secretaría general es la consecuencia lógica de esta política de reconciliación nacional y de ser quien dirigía el Partido de facto, al estar viviendo con la dirección en Francia mientras Dolores Ibárruri, la Secretaria General, vivía en Moscú. De hecho, cuando se aprobó la entrada de España en la ONU, la línea del partido fue posicionarse en contra, pero en un artículo para el diario Nuestra Bandera, Carrillo se posicionó a favor, y casi le cuesta la expulsión del partido. Esta posición a favor de la entrada de España en la ONU se incluye dentro de su lógica de un frente amplio de oposición al Franquismo. En este Congreso se ratificó la política de Reconciliación Nacional y el órgano envió una carta a todas las fuerzas de oposición para celebrar una Conferencia y elaborar puntos comunes, ya que el Congreso entendió que el franquismo seguía en el poder por la falta de unidad de la oposición. Estos fueron los puntos de la carta:

1) Lucha unida contra la dictadura hasta conseguir su derrocamiento por la huelga nacional pacífica.

2) Restablecimiento de las libertades democráticas sin discriminación.

3) Amnistía para los presos y exiliados políticos, extensiva todas las responsabilidades derivadas de la guerra civil en limbos campos contendientes. Abolición de la pena de muerte.

4) Mejoramiento de las condiciones de vida de la población.

5) Política exterior favorable a la coexistencia pacífica.

6) Elecciones constituyentes que permitan al pueblo escoger democráticamente el régimen de su preferencia.”

El VIº Congreso también decidió que el PCE tenía que pasar a ser un Partido de masas, al estilo del PCF y del PCI, cambiando a un esquema organizativo más laxo y con menos contenido ideológico.

El Congreso decidió también que el nombre del órgano ejecutivo del Partido pasaba a ser el Comité Ejecutivo, renunciando así al nombre de Buró Político. Eligió también un nuevo Comité Central.

A partir de los años 60’, el Estado español inicia lo que se conoce como el “Desarrollismo”, que se trata de un proceso de industrialización y fuerte inversión en el desarrollo de las fuerzas productivas. Con esto se produce un éxodo rural fuerte y, consecuentemente, el aumento de ciudades y de proletariado nuevo que emigra a las mismas. Con ello, también se desarrolla el movimiento obrero y es aquí donde el PCE comienza a jugar su papel entre las masas. En estos primeros años de la década se producen grandes huelgas obreras y estudiantiles a lo largo de todo el Estado de las que el PCE es partícipe. También en estos momentos las Comisiones Obreras comienzan a ganar importancia y el PCE comenzará a volcar su política sindical dentro de estas, a pesar de nacer como un fenómeno espontáneo de las masas. En este periodo de huelgas son detenidos cerca de 1.500 comunistas, entre ellos el caso conocido de Julián Grimau que fue ejecutado en 1963 y provocó una oleada de manifestaciones a lo largo del mundo condenando la acción.

La lucha de dos líneas en estos momentos también se agudizaba en el interior, en parte también como reflejo de la ruptura en el Movimiento Comunista Internacional por parte del PCCh frente a la política revisionista del PCUS. El PCE en estos momentos todavía se situaba en la órbita del PCUS. En 1964 nace la escisión antirrevisionista del PCE: el PCE (m-l). Esta organización nunca llegó a ser relevante, en gran medida por su sectarismo, sus vaivenes ideológicos y sus posiciones etapistas, además de un fuerte izquierdismo. El PCE (m-l) acabó en la órbita del Partido del Trabajo de Albania.

También se expulsó en estos momentos a Claudín, Semprún y Berenguer, miembros del Comité Central que comprendían que el estado franquista, con su desarrollo de las fuerzas productivas y su progresiva eliminación de los restos semi-feudales que quedaban en el país, estaba creando las condiciones para que su burguesía avanzara hacia un cambio político para convertirse en una democracia-burguesa a semejanza del resto de países de la Europa Occidental.

En 1965 se celebra también el VIIº Congreso del PCE. Tras la salida de los antirrevisionistas y la expulsión de Claudín, Semprún y Berenguer, los problemas internos del partido disminuyeron. En este Congreso se decidió esbozar lo que después serviría de base para el Eurocomunismo. El Partido, que de facto ya había aceptado la vía pacífica al socialismo, la plasma en el papel y renuncia definitivamente a la vía revolucionaria. Los años posteriores al Congreso, entre 1966 y 1967, serán de gran agitación dentro del movimiento obrero y estudiantil que llevarán a la ilegalización de las CCOO y los sindicatos estudiantes por parte del TOP y la encarcelación de dirigentes importantes como Marcelino Camacho.

En el año 1967 sigue el avance hacia el revisionismo en el seno del PCE: en septiembre de 1967 se reúne el Comité Central del PCE y Santiago Carrillo presenta un nuevo informe político que posteriormente será publicado con el nombre ‘’Nuevos enfoques a problemas de hoy’’. En este documento, entre otros graves problemas, se ataca directamente la dictadura proletaria y el concepto de la violencia revolucionaria, manipulando además de forma clara la realidad histórica y las tesis leninistas con graves mentiras. Por ejemplo, Santiago Carrillo defendía lo siguiente: ‘’El curso democrático y pacífico que Lenin y los comunistas deseaban ver tomar a la revolución socialista en Rusia, resultó imposible por la actitud de las clases dominantes que lo cerraron apelando a la violencia’’.

El año 1968 fue fundamental para el Movimiento Comunista, y especialmente para el PCE. En este año es el que se produce la intervención de la URSS en Checoslovaquia y el mayo francés.

Hasta la invasión de Praga, el PCE se había mantenido dentro de la órbita del PCUS, pero una vez se produce, el PCE condena la acción y se declara como partido independiente y nacional, distanciándose profundamente de la Unión Soviética. Estas disensiones con el PCUS llevaron a la aparición de las escisiones pro-soviéticas en el Movimiento Comunista Español y salidas de dirigentes, como Eduardo García (que era el Secretario de Organización del PCE), que crearía posteriormente el PCE (VIII-IX) . Esta condena a la invasión soviética se realizó también por otros partidos como el PCI, y servirán de base y justificación política para la teoría eurocomunista que se implantará definitivamente en los 70’.

En 1972 se produce el VIIIº Congreso del PCE en el que se decidió impulsar la creación de una plataforma conjunta de partidos y grupos políticos opuestos al Franquismo para acabar con el régimen. El PCE entiende que el cambio de régimen no podrá llegar únicamente por la acción de las masas, sino que es necesario también un pacto con otras fuerzas políticas. Esta decisión se encuentra dentro de las lógicas plenamente revisionistas por las que se guiaba el PCE para estos años. Debemos entender que este congreso es clave, y sin duda es el preludio del salto cualitativo final hacia el reformismo y el abandono de todo remanente revolucionario, que se dará en el IXº Congreso. Hablamos de remanentes porque hay una cuestión clave: como hemos visto, que ya hacía décadas que el PCE seguía una línea derechista inadmisible para un partido revolucionario, y que cada congreso venía a profundizar la podredumbre reformista. Pero aún sabiendo esto, había mantenido una fraseología revolucionaria y un discurso que reivindicaba a Lenin, aunque no sirviese más que para revisar y mutilar sus tesis.

Alguien podría decirnos: este acuerdo de por sí no es reformista, quizá es una mera táctica inserta dentro de una estrategia rupturista, de defensa de libertades democráticas para una mayor facilidad de cara a la revolución proletaria. A esto, podemos responder citando un fragmento del propio documento político definitivo de este VIIIº Congreso: ‘’¿Un acuerdo sobre unas reglas del juego político? Sí, pero ¿sobre qué reglas? Esas reglas no pueden ser otras que las de la democracia, las de la libertad política (..) Los comunistas no podemos tener reparo alguno a ajustarnos a esas reglas. No seremos nosotros los que el día de mañana en un régimen de democracia las violemos. (…) Significa que mientras las reglas democráticas sean respetadas por los demás, nosotros desarrollaremos nuestra lucha contra el sistema capitalista dentro de ellas. Si alguien las viola, la clase obrera las defenderá, profundizándolas y radicalizándolas‘’ (Hacia la libertad, VIIIº Congreso del PCE, Consenso ¿sobre qué? 1972).

Queda clarísima la actitud del PCE ante la lucha revolucionaria, el absoluto respeto a la democracia burguesa, la sumisión ante las reglas del juego de la clase burguesa, y un claro análisis idealista y burgués ante nociones como ‘’democracia’’ o ‘’libertad’’. En definitiva, el PCE declaraba explícitamente que renunciaba a una política independiente y de clase para el proletariado, y que se ajustaría a las normas establecidas por la clase burguesa.

En relación a este pacto y la amplitud de la lucha antifranquista, debemos hablar de otra tesis fundamental del VIIIº Congreso, que derivó en unos posicionamientos que nos recuerdan mucho al reformismo actual en el seno de la UE: la aceptación del Mercado Común Europeo. Este último fue parte del desarrollo de lo que hoy en día es la UE, ya que representaba un acuerdo económico de las potencias imperialistas europeas, que avanzaban hacia la configuración del polo imperialista europeo. El PCE aceptaba una futura entrada de España en este Mercado por diversos motivos: abría la posibilidad de crear una Europa socialista y un gran cambio progresista; permitiría colaborar con amplias fuerzas progresistas y revolucionarias del continente; daría una imagen de estabilidad y de acercamiento con las fuerzas democristianas, liberales, socialistas, etc., del estado español, y daría pie a seguir avanzando en la unidad por el derrocamiento del Franquismo.

Este VIIIº Congreso también es importante porque supuso la expulsión de Enrique Líster, que refundaría el PCOE. Su salida en 1972 nos demuestra que no es el antirrevisionista o el líder revolucionario que nos quieren vender. Líster toleró y fue miembro activo, desde su puesto en la dirección, de la política revisionista del PCE. De hecho, su vuelta en 1986 al PCE nos demuestra realmente quién fue Enrique Líster.

En definitiva, era todo un disparate estratégico, fruto de la política del gran acuerdo reformista que se quería crear. En el IXº Congreso esta tesis se profundizaría, defendiendo que quienes se negaban a entrar en los acuerdos europeos, se negaban al cambio progresista que se deseaba dentro de la política europea y en el que se podía trabajar resueltamente por un proyecto más equilibrado y solidario. A su vez, muchas de estas tesis, prevalecen dentro del revisionismo español, con la defensa de generar una Europa social dentro de la UE, que no es más que la Europa de la oligarquía financiera. Aún se siguen estos esquemas reformistas, que han dado resultados totalmente estériles.

Además, en el mismo año del VIIIº Congreso (1972), se produce el conocido Proceso de los 1001, en los que se condena a la dirección de CCOO a prisión por asociación ilegal por su relación con el PCE. La cuestión de las Comisiones Obreras es especialmente importante en estos años, ya que pasó de ser un movimiento espontáneo de las masas a ser una auténtica organización sociopolítica controlada por el PCE. Cuando el PCE renunció a la OSO, decidió organizar y dotar de continuidad a las comisiones de trabajadores que se formaban para reclamar alguna cuestión económica. De esta forma estas comisiones se fueron manteniendo, creciendo y uniéndose, empezando a desarrollarse la estructura de las Comisiones Obreras. El PCE, por su fortaleza organizativa, rápidamente controló el movimiento a través de sus militantes, pasando a ser su apéndice a nivel sindical.

Durante los años posteriores al VIIIº Congreso, se sigue desarrollando esta política del pacto amplio en busca de la democracia burguesa: en el año 1974 el PCE impulsó junto al PSOE la Plataforma de Coordinación Democrática que fue un organismo clave en la “Transición”. En junio de 1975 el PCE firma junto al PCI la Declaración de Livorno en la que se expresa que “los comunistas españoles e italianos declaran solemnemente que en su concepción del avance democrático hacia el socialismo en la paz y en la libertad, se expresa no una actitud táctica, sino un convencimiento estratégico, que nace de la reflexión sobre el conjunto de experiencias del movimiento obrero y sobre las condiciones históricas específicas de los respectivos países en el contexto europeo occidental”. A esta se adherirá también el PCF y supondrá la asunción definitiva de lo que se comenzará a llamar “Eurocomunismo”.

Con la muerte de Franco en 1975, la dirección del PCE y sus militantes en el exilio vuelven al Estado español y comienzan a actuar más abiertamente y de manera menos clandestina. Antes de su legalización, en diciembre de 1976 es detenido en Madrid el Secretariado del Comité Ejecutivo del PCE y con ellos Santiago Carrillo. No significa un retroceso, sino que significa la legalización de la presencia de Carrillo en el país. El asesinato de los abogados de Atocha supone la primera actuación política relevante en el Estado español tras la muerte de Franco, consiguiendo movilizar a más de 10o.ooo personas. El 9 de abril de 1977 el PCE fue legalizado y comienza una nueva etapa para la historia del partido.

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